SB 9.18

En este capítulo se narra la historia del rey Yayāti, el hijo de Nahuṣa. Pūru, el menor de los cinco hijos de Yayāti, aceptó para sí la invalidez de su padre.

Cuando Nahuṣa, que tenía seis hijos, recibió la maldición de convertirse en serpiente pitón, su hijo mayor, Yati, entró en la orden de sannyāsa. Debido a ello, el siguiente hijo, Yayāti, fue coronado rey. Por disposición de la providencia, Yayāti se casó con la hija de Śukrācārya. Śukrācārya era un brāhmaṇa y Yayāti un kṣatriya, pero, aun así, Yayāti se casó con ella. La hija de Śukrācārya, Devayānī, tenía una amiga llamada Śarmiṣṭhā, que era la hija de Vṛṣaparvā. El rey Yayāti se casó también con Śarmiṣṭhā. La historia de ese matrimonio es la siguiente: Cierto día, Śarmiṣṭhā estaba jugando en el agua con miles de amigas suyas, entre las que también estaba Devayānī. Por el lugar pasó el Señor Śiva, sentado sobre su toro y acompañado de Umā. Al verle, las jovencitas se vistieron inmediatamente, pero Śarmiṣṭhā, por error, se puso las ropas de Devayānī. Devayānī, muy enfadada, riñó a Śarmiṣṭhā; ella también se irritó mucho y respondió a Devayānī con más reproches, y finalmente la hizo caer a un pozo. Quiso el azar que el rey Yayāti fuese a aquel pozo a beber agua; allí encontró a Devayānī y la rescató. De ese modo Devayānī aceptó por esposo a Mahārāja Yayāti. Después de esto, Devayānī fue llorando a ver a su padre y le contó lo que había hecho Śarmiṣṭhā. Al saber lo ocurrido, Śukrācārya se enfadó mucho y quiso castigar a Vṛṣaparvā, el padre de Śarmiṣṭhā. Sin embargo, Vṛṣaparvā satisfizo a Śukrācārya ofreciéndole a Śarmiṣṭhā como sirvienta de Devayānī. Fue así como también Śarmiṣṭhā, en calidad de sirvienta de Devayānī, fue con ella a casa de su esposo. Allí, cuando su amiga Devayānī tuvo un hijo, también ella deseó tener uno. Por consiguiente, en el momento adecuado para la concepción, pidió a Mahārāja Yayāti que se uniera con ella. Después de que Śarmiṣṭhā se quedase embarazada también, Devayānī se llenó de envidia. Muy irritada, se fue inmediatamente a casa de su padre y le contó todo lo ocurrido. Śukrācārya volvió a enfadarse y maldijo a Mahārāja Yayāti a volverse viejo; pero, cuando Yayāti le pidió que fuese misericordioso con él, Śukrācārya le dio una bendición, diciéndole que podría transferir su vejez y su invalidez a algún hombre joven. Yayāti cambió su vejez por la juventud de su hijo menor, Pūru. De ese modo pudo disfrutar con muchachas jóvenes.

SB 9.18.1 Śukadeva Gosvāmī dijo: ¡Oh, rey Parīkṣit!, del mismo modo que el alma encarnada tiene seis sentidos, el rey Nahuṣa tuvo seis hijos: Yati, Yayāti, Saṁyāti, Āyati, Viyati y Kṛti.
SB 9.18.2 Cuando se asume el cargo de rey o de jefe de gobierno, no es posible entender el sentido de la autorrealización. Sabiendo esto, Yati, el hijo mayor de Nahuṣa, no aceptó el poder que su padre le ofrecía para que gobernase.
SB 9.18.3 Śacī, la esposa de Indra, por el trato deshonesto que recibió de Nahuṣa, el padre de Yayāti, se fue a quejar a Agastya y otros brāhmaṇas santos, quienes maldijeron a Nahuṣa a caer de los planetas celestiales y verse degradado a un cuerpo de serpiente pitón. Como consecuencia de ello, Yayāti heredó el reino.
SB 9.18.4 El rey Yayāti tenía cuatro hermanos menores, a quienes permitió gobernar las cuatro direcciones. Yayāti se casó con Devayānī, la hija de Śukrācārya, y con Śarmiṣṭhā, la hija de Vṛṣaparvā, y gobernó toda la Tierra.
SB 9.18.5 Mahārāja Parīkṣit dijo: Śukrācārya era un brāhmaṇa muy poderoso, y Mahārāja Yayāti era un kṣatriya. Siento curiosidad por saber cómo se produjo ese matrimonio pratiloma entre un kṣatriya y una brāhmaṇa.
SB 9.18.6-7 Śukadeva Gosvāmī dijo: Un día, la hija de Vṛṣaparvā, Śarmiṣṭhā, que era inocente pero de naturaleza irascible, se paseaba por el jardín de palacio en compañía de Devayānī, la hija de Śukrācārya, y miles de amigas más. El jardín estaba lleno de flores de loto y de árboles con flores y frutos, y estaba habitado por abejorros y pájaros de dulces trinos.
SB 9.18.8 Cuando llegaron a la orilla de un estanque, aquellas muchachas de ojos de loto desearon disfrutar de un baño. Dejando sus ropas en la orilla, se pusieron a jugar, salpicándose agua las unas a las otras.
SB 9.18.9 Mientras jugaban en el agua, vieron de pronto al Señor Śiva, que pasaba por allí montado a lomos de su toro y acompañado de su esposa, Pārvatī. Las muchachas, que estaban desnudas, sintieron mucha vergüenza y, saliendo del agua a toda prisa, se cubrieron con sus ropas.
SB 9.18.10 Cuando Śarmiṣṭhā, sin darse cuenta, se puso las ropas de Devayānī, Devayānī se irritó con ella y le dirigió las siguientes palabras.
SB 9.18.11 ¡Oh!, ¡mirad cómo se comporta esta criada, Śarmiṣṭhā! Como un perro que roba la mantequilla clarificada destinada a un sacrificio, se ha puesto mi vestido, pasando por alto toda forma de etiqueta.
SB 9.18.12-14 Nosotros pertenecemos a la clase de los brāhmaṇas cualificados, que son considerados el rostro de la Suprema Personalidad de Dios. Los brāhmaṇas han creado el universo entero con su austeridad, y siempre mantienen la Verdad Absoluta en lo más profundo del corazón. Ellos han trazado la senda de la buena fortuna, la senda de la civilización védica, y son el único objeto digno de adoración en este mundo; tanto es así que hasta los grandes semidioses, los dirigentes de los planetas, y hasta la Suprema Personalidad de Dios, que es la Superalma, el purificador supremo, el esposo de la diosa de la fortuna, les ofrecen oraciones y les adoran. Y nosotros somos todavía más respetables porque pertenecemos a la dinastía de Bhṛgu. Pero esta mujer, cuyo padre, como todos los demonios, es discípulo nuestro, se ha atrevido a ponerse mi vestido, exactamente como un śūdra que se apodera del conocimiento védico.
SB 9.18.15 Śukadeva Gosvāmī dijo: Ante aquellas crueles palabras de reproche, Śarmiṣṭhā se enfadó mucho. Resollando como una serpiente y mordiéndose el labio inferior con los dientes, respondió a la hija de Śukrācārya con las siguientes palabras.
SB 9.18.16 Tú, pedigüeña, ¿por qué tienes que hablar tanto, si ni siquiera entiendes tu posición? ¿No andáis todos vosotros por nuestra casa esperando que os demos el sustento? ¿No dependéis de nosotros como los cuervos?
SB 9.18.17 Después de insultar a Devayānī con esas desagradables palabras, Śarmiṣṭhā, muy iracunda, tiró a la hija de Śukrācārya a un pozo y se llevó sus ropas.
SB 9.18.18 Después de tirar a Devayānī al pozo, Śarmiṣṭhā volvió a casa. Entre tanto, el rey Yayāti, que había salido de cacería, se acercó casualmente al pozo para beber y vio allí a Devayānī.
SB 9.18.19 Nada más ver a Devayānī desnuda en el pozo, el rey Yayāti le tendió la parte superior de su vestimenta para que se cubriese. Mostrándose muy bondadoso con ella, la tomó de la mano y la ayudó a salir del pozo.
SB 9.18.20-21 Con palabras saturadas de amor y cariño, Devayānī dijo al rey Yayāti: ¡Oh, gran héroe!, ¡oh, rey, conquistador de las ciudades de tus enemigos!, al tomar mi mano me has aceptado por esposa. No dejes que sea tocada por nadie más, pues nuestra relación como marido y mujer ha sido dispuesta por la providencia, y no por ningún ser humano.
SB 9.18.22 Gracias a que caí en el pozo, te encontré a ti. En verdad, nuestro encuentro ha sido obra de la providencia. Cuando maldije a Kaca, el hijo del gran sabio Bṛhaspati, él, a su vez, me maldijo a mí diciendo que no me casaría con un brāhmaṇa. Por lo tanto, ¡oh, héroe de poderosos brazos!, no es posible que yo me case con un brāhmaṇa.
SB 9.18.23 Śukadeva Gosvāmī continuó: Aquel matrimonio, que normalmente no se recomendaba en las Escrituras, no era del agrado del rey Yayāti, pero, en parte porque había sido dispuesto por la providencia, y en parte porque se sentía atraído por la belleza de Devayānī, el rey aceptó su ruego.
SB 9.18.24 Después, cuando el sabio rey regresó a su palacio, Devayānī volvió a su casa llorando y le contó a su padre, Śukrācārya, todo lo que había ocurrido por culpa de Śarmiṣṭhā. Le contó que Śarmiṣṭhā la había tirado al pozo y que el rey la había salvado.
SB 9.18.25 Cuando escuchó lo que le había sucedido a Devayānī, Śukrācārya se sintió muy dolido. Renegando de la profesión sacerdotal y alabando la profesión de uñcha-vṛtti [recoger granos de los campos], salió de casa con su hija.
SB 9.18.26 Cuando el rey Vṛṣaparvā supo que su guru, Śukrācārya, venía a su casa a castigarle o a maldecirle, le salió al encuentro y, en la misma calle, se postró a sus pies y le satisfizo, logrando así aplacar su ira.
SB 9.18.27 El poderoso Śukrācārya persistió en su enfado por unos momentos, pero, una vez satisfecho, dijo a Vṛṣaparvā: Mi querido rey, ten la bondad de cumplir el deseo de Devayānī, pues es mi hija, y en este mundo no puedo abandonarla ni desatenderla.
SB 9.18.28 Tras escuchar lo que Śukrācārya le pedía, Vṛṣaparvā prometió cumplir el deseo de Devayānī, y quedó a la espera de sus palabras. Devayānī expresó entonces su deseo: «Cuando mi padre disponga que yo me case, mi amiga Śarmiṣṭhā vendrá conmigo como sirvienta, junto con sus amigas».
SB 9.18.29 Vṛṣaparvā fue sabio y pensó que disgustar a Śukrācārya era muy peligroso, y que complacerle supondría ganancias materiales. Por consiguiente, cumplió la orden de Śukrācārya y le sirvió como un esclavo. Entonces puso a su hija Śarmiṣṭhā en manos de Devayānī para que la sirviese como esclava, junto con miles de mujeres más.
SB 9.18.30 Cuando Śukrācārya concedió la mano de su hija a Yayāti, dispuso que Śarmiṣṭhā fuera con ella, pero advirtió al rey: «Mi querido rey, nunca permitas que esa muchacha, Śarmiṣṭhā, se acueste contigo».
SB 9.18.31 ¡Oh, rey Parīkṣit!, un día, al ver que Devayānī había tenido un hermoso hijo, Śarmiṣṭhā se acercó al rey Yayāti en el momento adecuado para la concepción. En un lugar apartado, pidió al rey, el esposo de su amiga Devayānī, que le permitiera tener un hijo a ella también.
SB 9.18.32 Cuando la princesa Śarmiṣṭhā pidió un hijo al rey Yayāti, éste, que era bien consciente de los principios de la religión, consintió en satisfacer su deseo. Aunque recordaba la advertencia de Śukrācārya, pensó que aquella unión era la voluntad del Supremo, de modo que tuvo relación sexual con Śarmiṣṭhā.
SB 9.18.33 Devayānī fue madre de Yadu y de Turvasu, y Śarmiṣṭhā lo fue de Druhyu, Anu y Pūru.
SB 9.18.34 La orgullosa Devayānī, cuando supo por vía de terceros que Śarmiṣṭhā estaba embarazada de su esposo, se volvió loca de rabia y se marchó inmediatamente a casa de su padre.
SB 9.18.35 El rey Yayāti, que era muy lujurioso, siguió a su esposa, la detuvo y trató de calmarla con palabras agradables y masajes en los pies, pero no logró satisfacerla de ninguna forma.
SB 9.18.36 Śukrācārya no podía contener su ira: «¡Tú, necio mentiroso, que andas tras las mujeres! - dijo - , has cometido un gran error, y por ello te maldigo. Que la vejez y la invalidez te ataquen y te desfiguren».
SB 9.18.37 El rey Yayāti dijo: «¡Oh, brāhmaṇa erudito y venerable!, mis deseos de disfrutar con tu hija aún no están satisfechos». Śukrācārya respondió entonces: «Si encuentras a alguien que acepte darte su juventud, puedes cambiársela por tu vejez».
SB 9.18.38 Después de recibir esta bendición de Śukrācārya, Yayāti pidió a su hijo mayor: Mi querido hijo Yadu, por favor, dame tu juventud a cambio de mi invalidez de anciano.
SB 9.18.39 Mi querido hijo, aún no he satisfecho mis deseos sexuales. Pero si tú fueras bondadoso conmigo, podrías aceptar la vejez que tu abuelo materno me ha impuesto y yo tomaría tu juventud para disfrutar de la vida durante algunos años más.
SB 9.18.40 Yadu contestó: Mi querido padre, tú ya has llegado a la vejez, aunque también has sido joven. Yo, por mi parte, no doy la bienvenida a tu vejez y tu invalidez, pues no se puede alcanzar la renunciación sin haber disfrutado de la felicidad material.
SB 9.18.41 ¡Oh, Mahārāja Parīkṣit!, Yayāti acudió también a sus hijos Turvasu, Druhyu y Anu para pedirles que le cambiaran la juventud por su vejez, pero ellos, que no eran conscientes de los principios religiosos, pensaban que su efímera juventud iba a ser eterna, y se negaron a cumplir la orden de su padre.
SB 9.18.42 El rey Yayāti hizo entonces la misma petición a Pūru, que era más joven pero más cualificado que esos tres hermanos, y le dijo: «Mi querido hijo, no seas desobediente como tus hermanos mayores, pues no es ése tu deber».
SB 9.18.43 Pūru contestó: ¡Oh, Majestad!, ¿quién en este mundo puede saldar la deuda contraída con su padre? Por la misericordia de nuestro padre, recibimos la forma humana de vida, que nos da la oportunidad de alcanzar la compañía del Señor Supremo.
SB 9.18.44 Un hijo de primera categoría es aquel que se anticipa a los deseos de su padre; el que actúa después de recibir la orden de su padre es de segunda categoría; y de tercera es el que cumple la orden de su padre sin mostrar una actitud respetuosa. Pero un hijo que se niega a obedecer a su padre es como el excremento del padre.
SB 9.18.45 Śukadeva Gosvāmī dijo: De ese modo, ¡oh, Mahārāja Parīkṣit!, el hijo llamado Pūru se sintió muy complacido de aceptar la vejez de su padre, Yayāti, que tomó la juventud de su hijo y disfrutó del mundo material conforme a sus necesidades.
SB 9.18.46 El rey Yayāti pasó entonces a gobernar el mundo entero, que está compuesto de siete islas, y fue como un padre para los ciudadanos. Como había recibido la juventud de su hijo, sus sentidos conservaban todo su vigor; así disfrutó de toda la felicidad material que pudo desear.
SB 9.18.47 En lugares solitarios, y valiéndose de la mente, las palabras, el cuerpo y todos los artículos necesarios, Devayānī, la querida esposa de Mahārāja Yayāti, llevó siempre a su marido la mayor bienaventuranza trascendental posible.
SB 9.18.48 El rey Yayāti celebró una serie de sacrificios, en los cuales, para satisfacer al Señor Supremo, Hari, que es el origen de todos los semidioses y el objeto de todo el conocimiento védico, ofreció a los brāhmaṇas regalos en abundancia.
SB 9.18.49 El Señor Supremo, Vāsudeva, que creó la manifestación cósmica, Se manifiesta en Su forma omnipresente, como el cielo que sostiene las nubes. Y cuando la creación es aniquilada, todo entra de nuevo en el Señor Supremo, Viṣṇu, y las diversidades dejan de manifestarse.
SB 9.18.50 Libre de deseos materiales, Mahārāja Yayāti adoró al Señor Supremo, que está situado en el corazón de todos en la forma de Nārāyaṇa y que es invisible para los ojos materiales, aunque existe en todas partes.
SB 9.18.51 A pesar de ser rey del mundo entero y a pesar de ocupar su mente y sus cinco sentidos durante mil años en el disfrute de las posesiones materiales, Mahārāja Yayāti no lograba sentirse satisfecho.