SB 8.2

Los Capítulos Segundo, Tercero y Cuarto de este canto explican la ocasión en que, durante el reinado del cuarto manu, el Señor protegió al rey de los elefantes. Como se explica en este Segundo Capítulo, el rey de los elefantes se encontraba disfrutando en el agua en compañía de sus elefantas, cuando, de pronto, fue atacado por un cocodrilo. El elefante se rindió a los pies de loto de la Personalidad de Dios en busca de protección.

En medio del océano de leche se alza una montaña muy alta y hermosa, de una altura de diez mil yojanas (ciento treinta mil kilómetros). Su nombre es Trikūṭa; en uno de sus valles se encuentra el precioso jardín de Ṛtumat, que fue construido por Varuṇa; en el interior del jardín hay un lago muy hermoso. Cierto día, el rey de los elefantes, acompañado de sus elefantas, fue a disfrutar de las aguas de ese lago, con el consiguiente trastorno para sus habitantes. Tanto fue así que el jefe de los cocodrilos atacó al elefante mordiéndole en una pata, y se enzarzaron en un combate que duró mil años. Ninguno de los dos moría, pero, como estaban en el agua, el elefante se fue debilitando, mientras que el cocodrilo tenía cada vez más fuerza y veía redoblar su ímpetu. El elefante, desesperado y sin hallar otra forma de protegerse, buscó el refugio de los pies de loto de la Suprema Personalidad de Dios.

SB 8.2.1 Śukadeva Gosvāmī dijo: Mi querido rey, existe una montaña muy grande llamada Trikūṭa. Tiene una altura de diez mil yojanas [ciento treinta mil kilómetros]. Rodeada por el océano de leche, se encuentra en un lugar muy hermoso.
SB 8.2.2-3 La montaña mide también ciento treinta mil kilómetros de largo y de ancho. Sus tres picos principales están hechos de hierro, de plata y de oro, e irradian belleza por el cielo y en todas las direcciones. La montaña tiene también otros picos, llenos de joyas y minerales y adornados con frondosos árboles, enredaderas y arbustos. El sonido de las cataratas crea en ella una agradable vibración. Así, la montaña se alza aumentando la belleza del lugar en todas direcciones.
SB 8.2.4 El suelo al pie de la montaña es bañado constantemente por las olas de leche, que producen esmeraldas a su alrededor en las ocho direcciones [Norte, Sur, Este, Oeste y direcciones intermedias].
SB 8.2.5 Esa montaña es un lugar de diversión para los habitantes de los planetas superiores: los siddhas, cāraṇas, gandharvas, vidyādharas, serpientes, kinnaras y apsarās. Así, los habitantes de los planetas celestiales ocupan todas las cuevas de la montaña.
SB 8.2.6 Al cantar en esas cuevas, los habitantes del cielo emiten una vibración tan resonante que los leones, muy orgullosos de su fuerza, rugen con envidia incontenible, pensando que es otro león quien ruge de ese modo.
SB 8.2.7 En los valles de la montaña Trikūṭa hay gran diversidad de animales salvajes, que embellecen el paisaje, y en los jardines de los semidioses los árboles están llenos de pájaros de dulces trinos.
SB 8.2.8 En la montaña Trikūṭa hay muchos lagos y ríos, con playas cubiertas de joyas pequeñas como granos de arena. Las aguas son tan claras como el cristal, y, cuando las muchachas celestiales se bañan en ellas, el agua y la brisa quedan impregnadas de la fragancia de sus cuerpos, que enriquece toda la atmósfera.
SB 8.2.9-13 En un valle de la montaña Trikūṭa se encontraba el jardín de Ṛtumat, que pertenecía al gran devoto Varuṇa; en él se divertían las muchachas celestiales. Crecían allí flores y frutas en todas las estaciones. Había mandāras, pārijātas, pāṭalas, aśokas, campakas, cūtas, piyālas, panasas, mangos, āmrātakas,kramukas, cocoteros, palmas datileras y árboles de granada. Había madhukas, palmeras, tamālas, asanas, arjunas, ariṣṭas, uḍumbaras, plakṣas, árboles de los banianos, kiṁśukas y sándalos. También había picumardas, kovidāras, saralas, sura-dārus, uvas, caña de azúcar, bananas, pomarrosas, badarīs, akṣas, abhayas y āmalakīs.
SB 8.2.14-19 En aquel jardín había un gran lago lleno de flores de loto, brillantes y doradas; había también flores kumuda, kahlāra, utpala y śatapatra, que aumentaban la excelente belleza de la montaña. Crecían allí árboles bilva, kapittha, jambīra y bhallātaka. Los abejorros, ebrios de miel, zumbaban mientras los pájaros trinaban con sones melodiosos. El lago estaba lleno de cisnes, kāraṇḍavas, cakrāvakas, grullas y bandadas de gallinas acuáticas, dātyūhas, koyaṣṭis y otras aves de murmurador sonido. Sus aguas estaban adornadas con el polen que se desprendía de las flores de loto con los movimientos de los peces y las tortugas. El lago estaba rodeado de flores kadamba y vetasa, además de nalas, nīpas, vañjulakas, kundas, kurubakas, aśokas, śirīṣas, kūṭajas, iṅgudas, kubjakas, svarṇa-yūthīs, nāgas, punnāgas, jātīs, mallikās, śatapatras, jālakās y mādhavī-latās. Las orillas estaban adornadas también con gran abundancia de árboles de distintos tipos, que daban flores y frutas en todas las estaciones. Así, toda la montaña se alzaba gloriosamente adornada.
SB 8.2.20 En cierta ocasión, el jefe de los elefantes que vivían en las selvas de la montaña Trikūṭa avanzaba hacia el lago en compañía de sus elefantas. A su paso, rompía muchas plantas, enredaderas, matorrales y árboles, sin prestar atención a sus hirientes espinas.
SB 8.2.21 Con sólo captar el olor de aquel elefante, todos los demás elefantes, los tigres y los demás animales feroces, como los leones, los rinocerontes, las grandes serpientes y los sarabhas blancos y negros, huían llenos de temor. El ciervo camarī también huía.
SB 8.2.22 Por la misericordia de aquel elefante, otros animales, como los zorros, los lobos, los búfalos, los osos, los jabalíes, los gopucchas, los puercoespines, los monos, los conejos y las demás especies de ciervos, junto con muchos otros animales pequeños, andaban tranquilos por otros parajes de la selva, pues no le temían.
SB 8.2.23-24 Rodeado por las hembras y por los demás elefantes de su manada, y seguido por los más jóvenes, Gajapati, el jefe de los elefantes, hacía temblar toda la montaña Trikūṭa con el peso de su cuerpo. Transpiraba, de su boca chorreaban gotas de licor, y la embriaguez le cegaba la vista. Era servido por los abejorros, bebedores de miel, y, desde lejos, podía oler el polvo de las flores de loto, que la brisa traía desde el lago. Así, rodeado de sus sedientos acompañantes, llegó a la orilla del lago.
SB 8.2.25 El rey de los elefantes entró en el lago, se bañó a conciencia y quedó aliviado de la fatiga. Entonces, con ayuda de su trompa, bebió de aquellas aguas frescas, claras y nectáreas, que llevaban mezclado el polen de las flores de loto y de los nenúfares, hasta que se sintió completamente satisfecho.
SB 8.2.26 Como un ser humano que carece de conocimiento espiritual y está demasiado apegado a los miembros de su familia, el elefante, confundido por la energía externa de Kṛṣṇa, hizo que sus esposas e hijos se bañasen y bebiesen de aquellas aguas. Él mismo aspiraba agua del lago con la trompa y la rociaba sobre ellos. Se empeñaba en aquel agotador trabajo sin reparar en esfuerzos.
SB 8.2.27 Por disposición de la providencia, ¡oh, rey!, un poderoso cocodrilo se irritó con el elefante y, aprovechando que estaba en el agua, le hincó los dientes en la pata. El elefante, que en verdad era muy fuerte, puso todo su empeño en liberarse del peligro que la providencia le enviaba.
SB 8.2.28 Entonces, al ver el peligro en que se encontraba Gajendra, sus esposas se afligieron profundamente y se pusieron a llorar. Los demás elefantes quisieron ayudarle, pero el cocodrilo era tan fuerte que, aunque estuvieron tirando de Gajendra por detrás, no pudieron rescatarle.
SB 8.2.29 ¡Oh, rey!, tirando el uno del otro dentro y fuera del agua, el elefante y el cocodrilo pasaron mil años luchando. Al ver aquel combate, los semidioses estaban muy sorprendidos.
SB 8.2.30 Sin embargo, con los tirones del cocodrilo y los muchos años de lucha en el agua, el elefante vio disminuidas sus fuerzas mentales, físicas y sensoriales. El cocodrilo, por el contrario, como era un animal de agua, veía aumentar su ntusiasmo, su fuerza física y el poder de sus sentidos.
SB 8.2.31 El rey de los elefantes, cuando vio que la providencia le había puesto en las fauces del cocodrilo y que se encontraba en una situación desesperada, dentro de un cuerpo material y sin poder salvarse del peligro, sintió mucho miedo de ser matado. Entonces reflexionó durante mucho tiempo, y finalmente llegó a la siguiente conclusión.
SB 8.2.32 Ni siquiera los demás elefantes, mis amigos y familiares, han podido salvarme de este peligro. ¿Qué podrían hacer entonces mis esposas? Nada, ciertamente. Si este cocodrilo me ha atacado, es por voluntad de la providencia; por lo tanto, debo buscar el refugio de la Suprema Personalidad de Dios, que es siempre el refugio de todos, incluso de las grandes personalidades.
SB 8.2.33 En verdad, a la Suprema Personalidad de Dios no todos Le conocen, pero es muy poderoso e influyente. Así, pese a la espantosa fuerza de la serpiente del tiempo eterno, que persigue sin cesar a todos los seres dispuesta a tragárselos, el Señor brinda Su protección a la persona que, por miedo a esa serpiente, acude a refugiarse en Él; en verdad, la muerte misma tiene que salir huyendo por temor al Señor. Por esa razón, yo me entrego a Él, que es la autoridad suprema, que es grande y poderoso y es el verdadero refugio de todos.