SB 4.28.50

citiṁ dārumayīṁ citvā
tasyāṁ patyuḥ kalevaram
ādīpya cānumaraṇe
vilapantī mano dadhe
Palabra por palabra: 
citim — pira funeraria; dāru-mayīm — hecha con madera; citvā — habiendo amontonado; tasyām — sobre ella; patyuḥ — del esposo; kalevaram — el cuerpo; ādīpya — después de encender; ca — también; anumaraṇe — para morir con él; vilapantī — lamentarse; manaḥ — su mente; dadhe — fijó.
Traducción: 
Entonces reunió leña y preparó una pira ardiente sobre la cual puso el cadáver de su esposo. Cuando terminó, se lamentó con gran dolor y se dispuso a morir en el fuego con su esposo.
Significado: 

Según la antigua tradición védica, la esposa fiel muere con su esposo. Eso se denomina saha-maraṇa. En la India esa tradición se mantuvo en vigor hasta la dominación británica. Sin embargo, en aquella época, cuando una viuda no quería morir con su esposo, a veces sus familiares la obligaban. En el pasado eso no era así. La viuda entraba en el fuego por voluntad propia. El gobierno británico acabó con esa práctica, considerándola inhumana. Sin embargo, en la historia antigua de la India vemos que Mahārāja Pāṇḍu, al morir, dejó dos viudas, Mādrī y Kuntī, ante quienes se planteó el dilema de si debían morir las dos o una sóla. Mādrī y Kuntī acordaron que una debía quedarse y la otra debía irse. Mādrī moriría con su esposo en el fuego, y Kuntī se quedaría para cuidar de los cinco niños Pāṇḍavas. Incluso en una fecha tan reciente como 1936, hemos visto a una mujer consagrada a su marido entrar voluntariamente en la pira funeraria del esposo.

Esto indica que la esposa de un devoto debe estar dispuesta a actuar de ese modo. De la misma manera, un discípulo consagrado a su maestro espiritual debe preferir morir con el maestro espiritual antes que fracasar en el cumplimiento de la misión del maestro espiritual. Tal como la Suprema Personalidad de Dios, que desciende a la Tierra para restablecer los principios de la religión, Su representante, el maestro espiritual, también viene para restablecer los principios religiosos. Los discípulos tienen el deber de asumir la misión del maestro espiritual y ponerla debidamente en práctica. De lo contrario, el discípulo debe tomar la decisión de morir junto con el maestro espiritual. En otras palabras, para ejecutar la voluntad del maestro espiritual, el discípulo debe estar dispuesto a dar su vida y abandonar todas las consideraciones de tipo personal.