SB 1.5.12

naiṣkarmyam apy acyuta-bhāva-varjitaṁ
na śobhate jñānam alaṁ nirañjanam
kutaḥ punaḥ śaśvad abhadram īśvare
na cārpitaṁ karma yad apy akāraṇam
Palabra por palabra: 
naiṣkarmyam — autorrealización, estando liberado de las reacciones del trabajo fruitivo; api — a pesar de; acyuta — el infalible Señor; bhāva — concepto; varjitam — desprovisto de; na — no; śobhate — se ve bien; jñānam — conocimiento trascendental; alam — luego; nirañjanam — libre de designaciones; kutaḥ — dónde está; punaḥ — de nuevo; śaśvat — siempre; abhadram — desagradable; īśvare — al Señor; na — no; ca — y; arpitam — ofrecido; karma — trabajo fruitivo; yat api — que es; akāraṇam — no fruitivo.
Traducción: 
El conocimiento acerca de la autorrealización, aunque esté libre de toda atracción material, no se ve bien si está desprovisto de un concepto acerca del Infalible [Dios]. ¿De qué sirven, entonces, las actividades fruitivas, que naturalmente son dolorosas desde el mismo comienzo y transitorias por naturaleza, si no se utilizan para el servicio devocional del Señor?
Significado: 

Como se mencionó anteriormente, no sólo se condena la literatura ordinaria desprovista de la glorificación trascendental del Señor, sino también las Escrituras védicas y la especulación acerca del tema del Brahman impersonal, cuando están desprovistas de servicio devocional. Si la especulación acerca del Brahman impersonal se condena por las razones antedichas, entonces, ni hablar del trabajo fruitivo ordinario, que no tiene por finalidad cumplir con el objetivo del servicio devocional. Ese conocimiento especulativo y ese trabajo fruitivo no pueden llevarlo a uno a la meta de la perfección. El trabajo fruitivo, que es a lo que está dedicada casi toda la gente, siempre es doloroso, bien sea al comienzo o al final. Dicho trabajo puede ser fructífero, únicamente cuando se le subordina al servicio devocional del Señor. También en la Bhagavad-gītā se confirma que el resultado de ese trabajo fruitivo puede ofrecerse para el servicio del Señor, pues de lo contrario lleva al cautiverio material. El genuino disfrutador del trabajo fruitivo es la Personalidad de Dios, y, en consecuencia, cuando dicho trabajo se emplea en la complacencia de los sentidos de los seres vivientes, se convierte en una aguda fuente de problemas.