Ilustración 19

Una grulla se encuentra en la orilla de un estanque que siempre está agitada por flujo de agua, el barro y las piedras. La grulla es como un jefe de familia que está perturbado en el refugio de su hogar, pero que a causa de un gran apego, no quiere cambiar su posición.

La olvidadiza vida del alma condicionada en la vida familiar es un pozo oscuro, asesino del alma. Esta es la opinión de Śrī Prahlāda Mahārāja, el célebre devoto del Señor. Para un alma autorrealizada nunca se recomienda demasiado apego por la tierra y el hogar. Por lo tanto, la duración de la vida humana debe dividirse metódicamente.

La primera etapa se llama brahmacarya-āśrama, o la orden de vida en la niñez, cuando el futuro hombre es entrenado para el principal objetivo de la vida. La siguiente etapa es gṛhastha-āśrama, en la cual el hombre es entrenado para entrar a la trascendencia. Luego viene el vānaprastha-āśrama, el estado preliminar de la vida renunciante. El último estado recomendado es la orden de sannyāsa, o la orden de vida renunciante. De esta manera, uno acepta un proceso gradual de actividades espirituales con miras a la meta final de la liberación.

Desafortunadamente, por falta de suficiente cultura del espíritu humano, nadie quiere abandonar la vida de jefe de familia, aunque esté llena de molestias y barro.

Y aquellos que están demasiado apegados, a pesar de las molestias de la enlodada vida familiar son comparados a las grullas que se paran a orillas del río por un poco de placer para los sentidos, pese a todos los inconvenientes que allí existen. Debemos recordar siempre que la sociedad, la amistad, y el amor que supuestamente debemos disfrutar en la vida familiar son únicamente representaciones opacas de la verdadera sociedad, amistad, y amor correspondido que existen en el reino de Dios. La vida condicionada de la existencia material no es real, pero debido a nuestra ignorancia, estamos apegados a ese espejismo. La idea de sociedad, amistad y amor no es falsa de ninguna manera, pero el lugar donde estamos buscando esto es irreal. Tenemos que abandonar esta falsa posición y elevarnos a la realidad. Este debe ser el objetivo de la vida y ése es el resultado de cultivar el espíritu humano.

Desafortunadamente, por falta de suficiente cultivo de este espíritu, el hombre materialista siempre se apega a este falso lugar, a pesar de todos sus inconvenientes. Se dice que un hombre debe abandonar la orden de jefe de familia a la edad de cincuenta años. Pero en esta era de ignorancia, hasta un hombre viejo quiere rejuvenecer sus funciones corporales, colocándose una dentadura artificial y haciendo un simulacro de vida juvenil, pese a encontrarse al borde de la muerte. Especialmente los políticos, como las grullas, están demasiado apegados al falso prestigio de posición y rango y siempre buscan la reelección, inclusive hasta el final de su agitada vida. Estos son algunos de los síntomas de una vida sin cultura.