Capitulo Quince: El yoga de la Persona Suprema

Bg 15.1

śrī-bhagavān uvāca
ūrdhva-mūlam adhaḥ-śākham
aśvatthaṁ prāhur avyayam
chandāṁsi yasya parṇāni
yas taṁ veda sa veda-vit
Palabra por palabra: 
śrī-bhagavān uvāca — la Suprema Personalidad de Dios dijo; ūrdhva-mūlam — con las raíces arriba; adhaḥ — hacia abajo; śākham — ramas; aśvattham — un árbol baniano; prāhuḥ — se dice; avyayam — eterno; chandāṁsi — los himnos védicos; yasya — del cual; parṇāni — las hojas; yaḥ — cualquiera que; tam — eso; veda — conoce; saḥ — él; veda-vit — el conocedor de los Vedas.
Traducción: 
La Suprema Personalidad de Dios dijo: Se dice que hay un árbol baniano imperecedero que tiene sus raíces hacia arriba y sus ramas hacia abajo, y cuyas hojas son los himnos védicos. Aquel que conoce ese árbol es el conocedor de los Vedas.
Significado: 

Después de discutir la importancia del bhakti-yoga, uno pudiera preguntar: “Y, ¿qué puede decirse de los Vedas?”. En este capítulo se explica que el propósito del estudio de los Vedas es el de entender a Kṛṣṇa. Por consiguiente, aquel que tiene conciencia de Kṛṣṇa, que está dedicado al servicio devocional, ya conoce los Vedas.

El enredo de este mundo material se dice aquí que es como un árbol baniano. Para aquel que se dedica a las actividades fruitivas, el árbol baniano no tiene fin. Él se la pasa errando de una rama a otra. El árbol de este mundo material no tiene fin, y para aquel que está apegado a ese árbol, no hay ninguna posibilidad de liberarse. Los himnos védicos, que tienen por objeto elevarlo a uno, se dice que son las hojas de dicho árbol. Las raíces del mismo crecen hacia arriba, porque comienzan donde está Brahmā, es decir, en el planeta más elevado de este universo. Si uno puede entender ese indestructible árbol de la ilusión, puede entonces liberarse de él.

Ese proceso de liberación hay que entenderlo. En los capítulos anteriores se ha explicado que hay muchos procesos por medio de los cuales se puede salir del enredo material. Y, hasta el Capítulo Trece, hemos visto que el servicio devocional que se le presta al Señor Supremo es el mejor camino. Pues bien, el principio básico del servicio devocional lo constituye el hecho de desapegarse de las actividades materiales y apegarse al servicio trascendental del Señor. Al comienzo de este capítulo se discute el proceso mediante el cual se puede deshacer el apego al mundo material. La raíz de esta existencia material crece hacia arriba. Eso significa que comienza en la sustancia material total, en el planeta más elevado del universo. De ahí se expande el universo entero, con muchísimas ramas, que representan los diversos sistemas planetarios. Los frutos representan los resultados de las actividades de las entidades vivientes, es decir, la religión, el desarrollo económico, la complacencia de los sentidos y la liberación.

Ahora bien, en este mundo no se tiene una experiencia inmediata de un árbol que tenga las ramas hacia abajo y las raíces hacia arriba, pero sí existe tal cosa. Ese árbol se puede encontrar junto a un estanque de agua. Podemos ver que los árboles que están en la orilla se reflejan en el agua con las ramas hacia abajo y las raíces hacia arriba. En otras palabras, el árbol de este mundo material sólo es un reflejo del árbol verdadero del mundo espiritual. Ese reflejo del mundo espiritual se ubica en el deseo, tal como el reflejo de un árbol se ubica en el agua. El deseo es la causa de que las cosas se encuentren en esta luz material reflejada. Aquel que quiera salir de esta existencia material, debe conocer ese árbol a fondo a través del estudio analítico. De ese modo podrá cortar su relación con él.

Ese árbol, siendo el reflejo del árbol verdadero, es una réplica exacta de él. Todo existe en el mundo espiritual. Los impersonalistas creen que Brahman es la raíz de ese árbol material, y de la raíz, según la filosofía sāṅkhya, proceden prakṛti, puruṣa y, luego, los tres guṇas, los cinco elementos físicos (pañca-mahā-bhūta), los diez sentidos (daśendriya), la mente, etc. De esa forma, ellos dividen todo el mundo material en veinticuatro elementos. Si Brahman es el centro de todas las manifestaciones, entonces este mundo material es una manifestación del centro en 180 grados, y los otros 180 grados constituyen el mundo espiritual. El mundo material es el reflejo desvirtuado, así que el mundo espiritual ha de tener la misma variedad, pero en la realidad. La prakṛti es la energía externa del Señor Supremo, y el puruṣa es el propio Señor Supremo, y eso se explica en el Bhagavad-gī. Como esta manifestación es material, es temporal. Un reflejo es temporal, pues a veces se ve y a veces no. Pero el origen del reflejo, lo que lo produce, es eterno. El reflejo material del árbol verdadero tiene que ser cortado. Cuando se dice que una persona conoce los Vedas, se presupone que ella sabe cómo cortar el apego a este mundo material. Si uno conoce ese proceso, conoce de hecho los Vedas. Aquel a quien lo atraen las fórmulas rituales de los Vedas, está atraído a las hermosas hojas verdes del árbol. Él no conoce con exactitud el propósito de los Vedas. El propósito de los Vedas, tal como lo revela la propia Personalidad de Dios, es el de cortar ese árbol reflejado y conseguir el verdadero árbol del mundo espiritual.

Bg 15.2

adhaś cordhvaṁ prasṛtās tasya śākhā
guṇa-pravṛddhā viṣaya-pravālāḥ
adhaś ca mūlāny anusantatāni
karmānubandhīni manuṣya-loke
Palabra por palabra: 
adhaḥ — hacia abajo; ca — y; ūrdhvam — hacia arriba; prasṛtāḥ — extendidas; tasya — sus; śākhāḥ — ramas; guṇa — por las modalidades de la naturaleza material; pravṛddhāḥ — desarrolladas; viṣaya — objetos de los sentidos; pravālāḥ — ramitas; adhaḥ — hacia abajo; ca — y; mūlāni — raíces; anusantatāni — extendidas; karma — al trabajo; anubandhīni — atado; manuṣya-loke — en el mundo de la sociedad humana.
Traducción: 
Las ramas de ese árbol se extienden hacia abajo y hacia arriba, alimentadas por las tres modalidades de la naturaleza material. Las ramitas son los objetos de los sentidos. Ese árbol también tiene raíces que van hacia abajo, y éstas están vinculadas con las acciones fruitivas de la sociedad humana.
Significado: 

Aquí se describe un poco más el árbol baniano. Sus ramas se extienden en todas las direcciones. En las partes inferiores hay diversas manifestaciones de entidades vivientes —seres humanos, animales, caballos, vacas, perros, gatos, etc.—. Éstas se encuentran en las partes inferiores de las ramas, mientras que en las partes superiores hay formas superiores de entidades vivientes: los semidioses, los gandharvas, y muchas otras especies de vida superior. Así como un árbol se nutre con agua, este árbol se nutre con las tres modalidades de la naturaleza material. A veces vemos un terreno estéril por la falta de agua, y a veces vemos un terreno muy verde; de igual manera, en donde determinadas modalidades de la naturaleza material están en una cantidad proporcionalmente mayor, las diferentes especies de vida se manifiestan de conformidad con ello.

Las ramitas del árbol se considera que son los objetos de los sentidos. Por medio del cultivo de las diferentes modalidades de la naturaleza manifestamos diferentes sentidos, y por medio de los sentidos disfrutamos de diferentes variedades de objetos de los sentidos. Las puntas de las ramas son los sentidos —los oídos, la nariz, los ojos, etc.—, los cuales están apegados al disfrute de diferentes objetos de los sentidos. Las ramitas son el sonido, la forma, el contacto, etc. —los objetos de los sentidos—. Las raíces subsidiarias son los apegos y las aversiones, los cuales son subproductos de diferentes variedades de sufrimientos y disfrutes de los sentidos. Las tendencias hacia la piedad y la impiedad se desarrollan a partir de estas raíces, las cuales se extienden en todas las direcciones. La verdadera raíz procede de Brahmaloka, y las otras raíces se encuentran en los sistemas planetarios humanos. Después de que uno disfruta de los resultados de las actividades virtuosas en los sistemas planetarios superiores, desciende a esta Tierra y renueva su karma, o las actividades fruitivas para el ascenso. Este planeta de seres humanos se considera que es el campo de las actividades.

Bg 15.3-4

na rūpam asyeha tathopalabhyate
nānto na cādir na ca sampratiṣṭhā
aśvattham enaṁ su-virūḍha-mūlam
asaṅga-śastreṇa dṛḍhena chittvā
tataḥ padaṁ tat parimārgitavyaṁ
yasmin gatā na nivartanti bhūyaḥ
tam eva cādyaṁ puruṣaṁ prapadye
yataḥ pravṛttiḥ prasṛtā purāṇī
Palabra por palabra: 
na — no; rūpam — la forma; asya — de este árbol; iha — en este mundo; tathā — también; upalabhyate — se puede percibir; na — nunca; antaḥ — fin; na — nunca; ca — también; ādiḥ — principio; na — nunca; ca — también; sampratiṣṭhā — la base; aśvattham — árbol baniano; enam — este; su-virūḍha — fuertemente; mūlam — enraizado; asaṅga-śastreṇa — con el arma del desapego; dṛḍhena — fuerte; chittvā — cortando; tataḥ — después; padam — situación; tat — eso; parimārgitavyam — hay que buscarlo; yasmin — a donde; gatāḥ — se va; na — nunca; nivartanti — regresan; bhūyaḥ — otra vez; tam — a Él; eva — ciertamente; ca — también; ādyam — original; puruṣam — la Personalidad de Dios; prapadye — rendirse; yataḥ — de quien; pravṛttiḥ — el principio; prasṛtā — extendido; purāṇī — muy antiguo.
Traducción: 
La verdadera forma de ese árbol no se puede percibir en este mundo. Nadie puede entender dónde termina, dónde comienza, ni dónde está su base. Pero, de un modo decidido, uno debe cortar con el arma del desapego ese árbol fuertemente enraizado. Después, uno debe buscar aquel lugar del cual, una vez que se ha ido a él, nunca se regresa, y entregarse ahí a esa Suprema Personalidad de Dios a partir de quien todo comenzó y todo se ha extendido desde tiempo inmemorial.
Significado: 

Ahora se afirma claramente que la verdadera forma de ese árbol baniano no se puede entender en este mundo material. Puesto que la raíz está hacia arriba, el verdadero árbol se extiende hacia el lado opuesto. Cuando uno está enredado con las expansiones materiales del árbol, no puede ver hasta dónde se extiende el mismo, ni puede ver el comienzo de él. Sin embargo, uno tiene que encontrar la causa. “Yo soy el hijo de mi padre, mi padre es el hijo de tal y cual persona, etc.” Investigando de esa manera, uno llega hasta Brahmā, quien fue engendrado por el Garbhodakaśāyī Viṣṇu. Finalmente, cuando uno llega así a la Suprema Personalidad de Dios, ése es el fin de la investigación. Uno tiene que buscar ese origen del árbol, la Suprema Personalidad de Dios, a través de la compañía de personas que tengan conocimiento acerca de esa Suprema Personalidad de Dios. Luego, por medio de la comprensión, uno se va desapegando gradualmente de este falso reflejo de la realidad, y por medio del conocimiento uno puede cortar el vínculo y situarse de hecho en el verdadero árbol.

La palabra asaṅga es muy importante en relación con esto, ya que el apego al disfrute de los sentidos y a enseñorearse de la naturaleza material es muy fuerte. Por consiguiente, uno debe aprender a desapegarse mediante la discusión de la ciencia espiritual basada en las Escrituras autoritativas, y uno debe oír a personas que realmente tengan conocimiento. Como resultado de esa discusión en compañía de devotos, uno llega hasta la Suprema Personalidad de Dios. Luego, lo primero que hay que hacer es entregarse a Él. Aquí se da la descripción de ese lugar del cual, una vez que se ha ido al mismo, jamás se regresa a este falso árbol reflejado. La Suprema Personalidad de Dios, Kṛṣṇa, es la raíz original de quien ha emanado todo. Para ganarse la gracia de esa Personalidad de Dios, uno sólo tiene que entregarse, y ello es el resultado de la ejecución de servicio devocional por medio del proceso de oír, cantar, etc. Él es la causa de esta extensión del mundo material. Eso ya lo ha explicado el propio Señor. Ahaṁ sarvasya prabhavaḥ: “Yo soy el origen de todo”. De manera que, para salir del enredo de este fuerte árbol baniano de la vida material, uno debe entregarse a Kṛṣṇa. En cuanto uno se entrega a Kṛṣṇa, se desapega automáticamente de esta extensión material.

Bg 15.5

nirmāna-mohā jita-saṅga-doṣā
adhyātma-nityā vinivṛtta-kāmāḥ
dvandvair vimuktāḥ sukha-duḥkha-saṁjñair
gacchanty amūḍhāḥ padam avyayaṁ tat
Palabra por palabra: 
niḥ — sin; māna — el prestigio falso; mohāḥ — y la ilusión; jita — habiendo conquistado; saṅga — de la compañía; doṣāḥ — los defectos; adhyātma — en el conocimiento espiritual; nityāḥ — en la eternidad; vinivṛtta — disociado; kāmāḥ — de la lujuria; dvandvaiḥ — de las dualidades; vimuktāḥ — liberado; sukha-duḥkha — felicidad y aflicción; saṁjñaiḥ — llamados; gacchanti — llegan; amūḍhāḥ — sin confusión; padam — situación; avyayam — eterna; tat — esa.
Traducción: 
Aquellos que están libres del prestigio falso, de la ilusión y de la falsa compañía, que entienden lo eterno, que han terminado con la lujuria material, que están libres de las dualidades de la felicidad y la tristeza, y que, sin ninguna confusión, saben cómo entregarse a la Persona Suprema, llegan a ese reino eterno.
Significado: 

Aquí se describe muy bien el proceso para entregarse. El primer requisito es que uno no debe estar engañado por el orgullo. Debido a que el alma condicionada es engreída, pues cree ser el señor de la naturaleza material, le es muy difícil entregarse a la Suprema Personalidad de Dios. Uno debe saber por medio del cultivo del verdadero conocimiento, que no es el señor de la naturaleza material; la Suprema Personalidad de Dios es el Señor. Cuando uno se libera de la ilusión causada por el orgullo, puede comenzar el proceso de la entrega. A aquel que siempre está esperando algún honor en este mundo material, no le es posible entregarse a la Persona Suprema. El orgullo se debe a la ilusión, pues, aunque uno llega aquí, se queda por poco tiempo y luego se va, tiene la necia idea de que es el señor del mundo. De ese modo, uno complica todas las cosas y siempre se encuentra en dificultades. El mundo entero se mueve bajo los efectos de esa impresión. La gente considera que la Tierra, este planeta, le pertenece a la sociedad humana, y la han dividido con la falsa impresión de que son los propietarios de ella. Uno tiene que librarse de esa falsa noción de que la sociedad humana es la propietaria de este mundo. Cuando uno se libra de ello, se libra de todas las falsas relaciones causadas por los afectos familiares, sociales y nacionales. Esas relaciones imperfectas lo atan a uno a este mundo material. Después de esa etapa, uno tiene que cultivar conocimiento espiritual. Uno tiene que cultivar conocimiento acerca de lo que verdaderamente es propiedad suya y lo que de hecho no lo es. Y cuando uno tiene un entendimiento de las cosas tal como son, se libera de todas las concepciones duales, tales como la felicidad y la tristeza, el placer y el dolor. Uno se llena de conocimiento; en ese momento le resulta posible entregarse a la Suprema Personalidad de Dios.

Bg 15.6

na tad bhāsayate sūryo
na śaśāṅko na pāvakaḥ
yad gatvā na nivartante
tad dhāma paramaṁ mama
Palabra por palabra: 
na — no; tat — eso; bhāsayate — ilumina; sūryaḥ — el Sol; na — ni; śaśāṅkaḥ — la Luna; na — ni; pāvakaḥ — fuego, electricidad; yat — donde; gatvā — yendo; na — nunca; nivartante — regresan; tat dhāma — esa morada; paramam — suprema; mama — Mía.
Traducción: 
Esa suprema morada Mía no está iluminada por el Sol ni la Luna, ni por el fuego, ni por la electricidad. Aquellos que llegan a ella, nunca regresan a este mundo material.
Significado: 

Aquí se describe el mundo espiritual, la morada de la Suprema Personalidad de Dios, Kṛṣṇa, la cual se conoce como Kṛṣṇaloka, Goloka Vṛndāvana. En el cielo espiritual no hay ninguna necesidad de la luz del Sol, de la luz de la Luna, del fuego ni de la electricidad, porque ahí todos los planetas son autoluminosos. En este universo tenemos un solo planeta, el Sol, que es autoluminoso, pero en el cielo espiritual todos los planetas lo son. La refulgencia brillante de todos esos planetas (llamados Vaikuṇṭhas) constituye el cielo brillante conocido como el brahmajyoti. En realidad, la refulgencia emana del planeta de Kṛṣṇa, Goloka Vṛndāvana. Parte de esa refulgencia brillante es cubierta por el mahat-tattva, el mundo material. Fuera de eso, la mayor porción de ese brillante cielo está llena de planetas espirituales, que se denominan Vaikuṇṭhas, siendo el principal de ellos Goloka Vṛndāvana.

Mientras la entidad viviente se encuentra en este oscuro mundo material, se halla en el seno de la vida condicionada, pero en cuanto llega al cielo espiritual mediante el proceso de cortar el falso árbol desvirtuado de este mundo material, se libera. De esa manera no hay ninguna posibilidad de regresar aquí. En su vida condicionada, la entidad viviente se considera el señor de este mundo material, pero en su estado liberado entra en el reino espiritual y se vuelve un asociado del Señor Supremo. Ahí, ella disfruta de una bienaventuranza eterna, de una vida eterna y de pleno conocimiento.

Uno debería quedar cautivado por esa información. Hay que desear trasladarse a ese mundo eterno y liberarse de este falso reflejo de la realidad. Para aquel que está demasiado apegado a este mundo material, es muy difícil cortar ese apego, pero si él se entrega al proceso de conciencia de Kṛṣṇa, hay la posibilidad de que se vaya desapegando de a poco. Uno tiene que relacionarse con devotos, con aquellos que tienen conciencia de Kṛṣṇa. Uno debe buscar una sociedad que esté dedicada al proceso de conciencia de Kṛṣṇa, y aprender a desempeñar servicio devocional. De ese modo, uno puede cortar su apego al mundo material. No es posible desapegarse de la atracción por el mundo material con sólo vestirse de color azafrán. Hay que apegarse al servicio devocional del Señor. Por consiguiente, se debe tomar muy en serio el hecho de que, el servicio devocional, tal como se describe en el Capítulo Doce, es el único camino para salir de esta falsa representación del árbol verdadero. En el Capítulo Catorce se describe cómo la naturaleza material contamina todas las clases de procesos que hay. El servicio devocional es lo único que se describe como puramente trascendental.

Las palabras paramaṁ mama son aquí muy importantes. En verdad, cada rincón y escondrijo es propiedad del Señor Supremo, pero el mundo espiritual es paramam, está colmado de seis opulencias. El Kaṭha Upaniṣad (2.2.15) también confirma que en el mundo espiritual no hay necesidad de la luz del Sol, de la luz de la Luna ni de las estrellas (na tatra sūryo bhāti na candra-tārakam), ya que todo el cielo espiritual está iluminado por la potencia interna del Señor Supremo. A esa morada suprema se puede llegar únicamente por medio de la entrega, y de ninguna otra manera.

Bg 15.7

mamaivāṁśo jīva-loke
j
īva-bhūtaḥ sanātanaḥ
manaḥ ṣaṣṭhān
īndriyāṇi
prakṛti-sthāni karṣati
Palabra por palabra: 
mama — Mi; eva — ciertamente; aṁśah — partículas fragmentarias; jīva-loke — en el mundo de la vida condicionada; jīva-bhūtaḥ — la entidad viviente condicionada; sanātanaḥ — eterna; manaḥ — con la mente; ṣaṣṭhāni — los seis; indriyāṇi — sentidos; prakṛti — en la naturaleza material; sthāni — situada; karṣati — está luchando arduamente.
Traducción: 
Las entidades vivientes de este mundo condicionado son Mis partes fragmentarias eternas. Debido a la vida condicionada, están luchando muy afanosamente con los seis sentidos, entre los que se incluye la mente.
Significado: 

En este verso se da con toda claridad la identidad del ser viviente. La entidad viviente es la parte integral fragmentaria del Señor Supremo, eternamente. No se debe creer que ella adopta la individualidad en su vida condicionada, y en su estado liberado se vuelve uno con el Señor Supremo. Ella es eternamente un fragmento. Se dice bien claro: sanātanaḥ. Según la versión védica, el Señor Supremo se manifiesta y se expande en infinidad de expansiones, de las cuales las expansiones primarias se denominan viṣṇu-tattva, y las expansiones secundarias se denominan entidades vivientes. En otras palabras, el viṣṇu-tattva es la expansión personal, y las entidades vivientes son expansiones separadas. Por medio de Su expansión personal, Él se manifiesta en diversas formas, tales como el Señor Rāma, Nṛsiṁhadeva, Viṣṇumūrti y todas las Deidades regentes de los planetas Vaikuṇṭhas. Las expansiones separadas, las entidades vivientes, son eternamente servidoras. Las expansiones personales de la Suprema Personalidad de Dios, las identidades individuales de la Divinidad, siempre están presentes. Así mismo, las expansiones separadas, las entidades vivientes, tienen sus identidades. Como partes integrales fragmentarias del Señor Supremo, las entidades vivientes también tienen cualidades fragmentarias, de las cuales la independencia es una de ellas. Cada entidad viviente, como alma individual que es, tiene su individualidad personal y una diminuta forma de independencia. Por el mal uso de esa independencia uno se vuelve un alma condicionada, y con el debido uso de la independencia uno siempre está liberado. En cualquiera de los casos, uno es eterno cualitativamente, tal como el Señor Supremo. En su estado liberado, uno está libre de esta condición material, y se encuentra dedicado al trascendental servicio del Señor; en su vida condicionada, a uno lo dominan las modalidades materiales de la naturaleza, y se olvida del amoroso servicio trascendental del Señor. Como resultado de ello, uno tiene que luchar mucho para mantener su existencia en el mundo material.

Las entidades vivientes, no sólo los seres humanos y los perros y los gatos, sino incluso los grandes controladores del mundo material —Brahmā, el Señor Śiva, e incluso Viṣṇu—, son todos partes integrales del Señor Supremo. Todos ellos son eternos, y no unas manifestaciones temporales. La palabra karṣati (“luchando” o “esforzándose mucho”) es muy significativa. El alma condicionada está atada, como si estuviera engrilletada con cadenas de hierro. Ella está atada por el ego falso, y la mente es el agente principal que la está llevando por esta existencia material. Cuando la mente está en el plano de la modalidad de la bondad, sus actividades son buenas; cuando la mente está en el plano de la modalidad de la pasión, sus actividades son problemáticas; y cuando la mente está en el plano de la modalidad de la ignorancia, ella viaja por las especies de vida inferior. Sin embargo, este verso deja en claro que al alma condicionada la cubre el cuerpo material, con la mente y los sentidos, y que cuando ella se libera esa cobertura material perece, pero su cuerpo espiritual se manifiesta con su capacidad individual. La siguiente información se encuentra en el Mādhyandināyana-śruti: sa vā eṣa brahma-niṣṭha idaṁ śarīraṁ martyam atisṛjya brahmābhisampadya brahmaṇā paśyati brahmaṇā śṛṇoti brahmaṇaivedaṁ sarvam anubhavati. Se dice aquí que cuando una entidad viviente abandona este cuerpo material y entra en el mundo espiritual, revive el cuerpo espiritual, y en su cuerpo espiritual puede ver a la Suprema Personalidad de Dios frente a frente. Ella puede oírlo y hablarle frente a frente, y puede entender a la Personalidad Suprema tal como es Él. La smṛti también nos hace saber que: vasanti yatra puruṣāḥ sarve vaikuṇṭha-mūrtayaḥ, en los planetas espirituales todo el mundo vive en cuerpos que son como el de la Suprema Personalidad de Dios. En lo que se refiere a la estructura corporal, no hay diferencia entre las entidades vivientes que son partes integrales y las expansiones de viṣṇu-mūrti. En otras palabras, en el momento de la liberación la entidad viviente recibe un cuerpo espiritual, por la gracia de la Suprema Personalidad de Dios.

Las palabras mamaivāṁśaḥ (“partes integrales fragmentarias del Señor Supremo”) también son muy significativas. La porción fragmentaria del Señor Supremo no es como una parte material rota. Ya hemos entendido en el Segundo Capítulo que el espíritu no se puede cortar en pedazos. Este fragmento no se puede concebir de una manera material. No es como la materia, que puede ser cortada en pedazos y unida de nuevo. Esa concepción no se aplica aquí, porque se usa la palabra sanātana (“eterna”). La porción fragmentaria es eterna. También se afirma al principio del Capítulo Dos que, en todos y cada uno de los cuerpos individuales, está presente la porción fragmentaria del Señor Supremo (dehino ’smin yathā dehe). Esa porción fragmentaria, cuando se libera del enredo corporal, revive su cuerpo espiritual original en el cielo espiritual, en un planeta espiritual, y disfruta de la compañía del Señor Supremo. Aquí se sobrentiende, no obstante, que la entidad viviente, siendo la parte integral fragmentaria del Señor Supremo, es cualitativamente idéntica al Señor, tal como las partes integrales del oro también son oro.

Bg 15.8

śarīraṁ yad avāpnoti
yac cāpy utkrāmat
īśvaraḥ
gṛh
ītvaitāni saṁyāti
vāyur gandhān ivāśayāt
Palabra por palabra: 
śarīram — el cuerpo; yat — así como; avāpnoti — obtiene; yat — así; ca api — también; utkrāmati — abandona; īśvaraḥ — el señor del cuerpo; gṛhītvā — tomando; etāni — todos estos; saṁyāti — se va; vāyuḥ — el aire; gandhān — aromas; iva — como; āśayāt — de su fuente.
Traducción: 
La entidad viviente que se halla en el mundo material lleva de un cuerpo a otro sus diferentes concepciones de la vida, tal como el aire transporta los aromas. Así pues, ella adopta un tipo de cuerpo, y de nuevo lo deja para adoptar otro.
Significado: 

Aquí se describe a la entidad viviente como īśvara, la controladora de su propio cuerpo. Si ella quiere, puede cambiar su cuerpo por uno de un grado superior, y si quiere, puede desplazarse hacia una clase inferior. Existe una diminuta independencia. El cambio de cuerpo del que es objeto depende de ella. A la hora de la muerte, la conciencia que ella ha creado la llevará al siguiente tipo de cuerpo. Si ella ha vuelto su conciencia como la de un perro o la de un gato, es seguro que se trasladará al cuerpo de un perro o de un gato. Y si ha fijado su conciencia en las cualidades divinas, se trasladará a la forma de un semidiós. Y si tiene conciencia de Kṛṣṇa, será trasladada a Kṛṣṇaloka, en el cielo espiritual, y se reunirá con Kṛṣṇa. Es una falsa pretensión creer que después de la aniquilación de este cuerpo todo se acaba. El alma individual transmigra de un cuerpo a otro, y su cuerpo actual y sus actividades actuales son el trasfondo de su siguiente cuerpo. Uno recibe un cuerpo diferente conforme al karma, y tiene que abandonarlo a su debido tiempo. Aquí se afirma que el cuerpo sutil, que transporta la concepción del siguiente cuerpo, manifiesta otro cuerpo en la siguiente vida. Este proceso de transmigrar de un cuerpo a otro y luchar mientras se está en el cuerpo se denomina karṣati, o la lucha por la existencia.

Bg 15.9

śrotraṁ cakṣuḥ sparśanaṁ ca
rasanaṁ ghrāṇam eva ca
adhiṣṭhāya manaś cāyaṁ
viṣayān upasevate
Palabra por palabra: 
śrotram — oídos; cakṣuḥ — ojos; sparśanam — tacto; ca — también; rasanam — lengua; ghrāṇam — la capacidad olfativa; eva — también; ca — y; adhiṣṭhāya — estando situados en; manaḥ — mente; ca — también; ayam — ella; viṣayān — los objetos de los sentidos; upasevate — disfruta.
Traducción: 
La entidad viviente, tomando así otro cuerpo físico, obtiene un cierto tipo de oído, ojo, lengua, nariz y sentido del tacto, los cuales se agrupan alrededor de la mente. De esa manera, ella disfruta de un determinado conjunto de objetos de los sentidos.
Significado: 

En otras palabras, si la entidad viviente adultera su conciencia con las cualidades de los perros y los gatos, en su siguiente vida obtiene un cuerpo de perro o de gato, y disfruta. En un principio, la conciencia es pura, como el agua. Pero si mezclamos el agua con un cierto color, ésta cambia. De modo similar, la conciencia es pura, pues el alma espiritual es pura. Pero la conciencia cambia según su contacto con las cualidades materiales. Verdadera conciencia es conciencia de Kṛṣṇa. Por lo tanto, cuando uno se sitúa en el plano de conciencia de Kṛṣṇa, se encuentra en su vida pura. Pero si su conciencia se ve adulterada por algún tipo de mentalidad material, en la siguiente vida recibe el cuerpo que le corresponde. Uno no obtiene de nuevo un cuerpo humano forzosamente; se puede recibir el cuerpo de un gato, de un perro, de un cerdo, de un semidiós o de muchas otras formas, ya que hay 8.400.000 especies.

Bg 15.10

utkrāmantaṁ sthitaṁ vāpi
bhuñjānaṁ vā guṇānvitam
vimūḍhā nānupaśyanti
paśyanti jñāna-cakṣuṣaḥ
Palabra por palabra: 
utkrāmantam — dejando el cuerpo; sthitam — situado en el cuerpo; api — ya sea; bhuñjānam — disfrutando; — o; guṇa-anvitam — bajo el hechizo de las modalidades de la naturaleza material; vimūḍhāḥ — personas necias; na — nunca; anupaśyanti — pueden ver; paśyanti — pueden ver; jñāna-cakṣuṣaḥ — aquellos que tienen los ojos del conocimiento.
Traducción: 
Los necios no pueden entender cómo una entidad viviente puede abandonar su cuerpo, ni pueden entender de qué clase de cuerpo disfruta bajo el hechizo de las modalidades de la naturaleza. Pero aquel cuyos ojos están adiestrados en lo referente al conocimiento, puede ver todo eso.
Significado: 

La palabra jñāna-cakṣuṣaḥ es muy significativa. Sin conocimiento no se puede entender cómo la entidad viviente abandona su cuerpo actual, ni qué forma de cuerpo va a adoptar en la siguiente vida, y ni siquiera por qué vive en un determinado tipo de cuerpo. Esto requiere de una gran cantidad de conocimiento tomado del Bhagavad-gī y Escrituras similares, que se haya oído exponer a un maestro espiritual genuino. Aquel que está adiestrado para percibir todas esas cosas, es afortunado. Toda entidad viviente deja su cuerpo en medio de ciertas circunstancias, vive en medio de ciertas circunstancias y disfruta en medio de ciertas circunstancias, bajo el hechizo de la naturaleza material. Como resultado de ello, la entidad viviente padece de diferentes clases de felicidad y aflicción, bajo la ilusión del disfrute de los sentidos. Las personas que perennemente se dejan engañar por la lujuria y el deseo, pierden toda la capacidad de entender su cambio de cuerpo y su permanencia en un determinado cuerpo. Ellas no pueden entenderlo. Aquellos que han cultivado conocimiento espiritual, pueden, no obstante, ver que el espíritu es diferente del cuerpo, y que el mismo está cambiando de cuerpo y disfrutando de diferentes maneras. Una persona que tiene ese conocimiento, puede entender cómo la entidad viviente condicionada está sufriendo en esta existencia material. De modo que, aquellos que son sumamente adelantados en el proceso de conciencia de Kṛṣṇa, tratan lo mejor que pueden de darle este conocimiento a la generalidad de la gente, pues la vida condicionada de ésta es muy problemática. La gente debe abandonar esa vida y volverse consciente de Kṛṣṇa, para liberarse y trasladarse al mundo espiritual.

Bg 15.11

yatanto yoginaś cainaṁ
paśyanty ātmany avasthitam
yatanto ’py akṛtātmāno
nainaṁ paśyanty acetasaḥ
Palabra por palabra: 
yatantaḥ — esforzándose; yoginaḥ — trascendentalistas; ca — también; enam — esto; paśyanti — pueden ver; ātmani — en el yo; avasthitam — situado; yatantaḥ — esforzándose; api — aunque; akṛta-ātmānaḥ — aquellos que no tienen autorrealización; na — no; enam — esto; paśyanti — ven; acetasaḥ — con la mente sin desarrollo.
Traducción: 
Los trascendentalistas que se esfuerzan y que están situados en el plano de la autorrealización pueden ver todo esto claramente. Pero aquellos cuya mente no se ha desarrollado y que no están situados en el plano de la autorealización, no pueden ver lo que está ocurriendo, aunque lo intenten.
Significado: 

Hay muchos trascendentalistas que están en la senda de la autorrealización espiritual, pero aquel que no está situado en el plano de la autorrealización, no puede ver cómo las cosas están cambiando en el cuerpo de la entidad viviente. La palabra yoginaḥ es significativa en relación con esto. En la actualidad hay muchos supuestos yogīs, y hay muchas presuntas asociaciones de yogīs, pero ellos están de hecho ciegos en lo que se refiere a la autorrealización. Ellos simplemente están adictos a algún tipo de ejercicio gimnástico, y se satisfacen con que el cuerpo esté sano y bien formado. Ellos no tienen ninguna otra información. A ellos se los llama yatanto ’py akṛtātmānaḥ. Aunque ellos se están esforzando en seguir un supuesto sistema de yoga, no están autorrealizados. Esa clase de gente no puede entender el proceso de la transmigración del alma. Sólo aquellos que verdaderamente están en la senda del sistema de yoga y que han llegado a comprender a cabalidad el ser, el mundo y al Señor Supremo —en otras palabras, los bhakti-yogīs, aquellos que se dedican al servicio devocional puro con conciencia de Kṛṣṇa—, sólo ellos pueden entender cómo ocurren las cosas.

Bg 15.12

yad āditya-gataṁ tejo
jagad bhāsayate ’khilam
yac candramasi yac cāgnau
tat tejo viddhi māmakam
Palabra por palabra: 
yat — aquello que; āditya-gatam — en la luz del Sol; tejaḥ — esplendor; jagat — el mundo entero; bhāsyate — ilumina; akhilam — enteramente; yat — aquello que; candramasi — en la Luna; yat — aquello que; ca — también; agnau — en el fuego; tat — ese; tejaḥ — esplendor; viddhi — entiende; māmakam — de Mí.
Traducción: 
El esplendor del Sol, que disipa la oscuridad de todo este mundo, viene de Mí. Y el esplendor de la Luna y el esplendor del fuego también proceden de Mí.
Significado: 

La gente poco inteligente no puede entender cómo ocurren las cosas. Pero uno puede empezar a establecerse en el conocimiento si entiende lo que el Señor explica aquí. Todo el mundo ve el Sol, la Luna, el fuego y la electricidad. Uno tan sólo debe tratar de entender que el esplendor del Sol, el esplendor de la Luna y el esplendor de la electricidad o el fuego proceden de la Suprema Personalidad de Dios. En esa concepción de la vida —el comienzo del estado de conciencia de Kṛṣṇa— yace un enorme adelanto para el alma condicionada de este mundo material. Las entidades vivientes son en esencia las partes integrales del Señor Supremo, y aquí Él está dando la indicación de cómo ellas pueden ir de vuelta a Dios, de vuelta al hogar.

De este verso podemos concluir que el Sol ilumina todo el sistema solar. Existen diferentes universos y sistemas solares, y también hay diferentes soles, lunas y planetas, pero en cada universo sólo hay un sol. Como se declara en el Bhagavad-gī (10.21), la Luna es una de las estrellas (nakṣatrāṇām ahaṁ śaśī). La luz del Sol se debe a la refulgencia espiritual que se encuentra en el cielo espiritual del Señor Supremo. Con la salida del Sol, comienzan las actividades de los seres humanos. Ellos encienden fuego para preparar su comida, ellos encienden fuego para poner en marcha las fábricas, etc. Con la ayuda del fuego se hacen muchísimas cosas. Por eso la salida del Sol, el fuego y la luz de la Luna les resultan tan agradables a las entidades vivientes. Ninguna entidad viviente puede vivir sin su ayuda. Así que si se puede entender que la luz y el esplendor del Sol, la Luna y el fuego emanan de la Suprema Personalidad de Dios, Kṛṣṇa, comienza entonces la conciencia de Kṛṣṇa de uno. Por medio de la luz de la Luna se nutren todos los vegetales. La luz de la Luna es tan agradable, que la gente puede entender con facilidad que está viviendo por la misericordia de la Suprema Personalidad de Dios, Kṛṣṇa. Sin la misericordia de Él no puede haber Sol, sin la misericordia de Él no puede haber Luna, y sin la misericordia de Él no puede haber fuego; y sin la ayuda del Sol, la Luna y el fuego, nadie puede vivir. Éstos son algunos pensamientos para crear conciencia de Kṛṣṇa en el alma condicionada.

Bg 15.13

gām āviśya ca bhūtāni
dhārayāmy aham ojasā
puṣṇāmi cauṣadh
īḥ sarvāḥ
somo bhūtvā rasātmakaḥ
Palabra por palabra: 
gām — los planetas; āviśya — entrando; ca — también; bhūtāni — las entidades vivientes; dhārayāmi — sostengo; aham — Yo; ojasā — por Mi energía; puṣṇāmi — estoy nutriendo; ca — y; auṣadhīḥ — los vegetales; sarvāḥ — todos; somaḥ — la Luna; bhūtvā — volviendo; rasa-ātmakaḥ — proveyendo el zumo.
Traducción: 
Yo entro en cada planeta, y gracias a Mi energía ellos permanecen en órbita. Yo Me convierto en la Luna, y con ello les proveo del zumo vital a todos los vegetales.
Significado: 

Se sobrentiende que todos los planetas flotan en el aire únicamente en virtud de la energía del Señor. El Señor entra en cada átomo, en cada planeta y en cada ser vivo. Eso se discute en la Brahma-saṁhitā. Ahí se dice que una porción plenaria de la Suprema Personalidad de Dios, Paramātmā, entra en los planetas, en el universo, en la entidad viviente, e incluso en el átomo. Así que, gracias a Su entrada, todo se manifiesta como es debido. Cuando el alma espiritual está presente, el hombre vivo puede flotar en el agua, pero cuando la chispa viviente está fuera del cuerpo y el cuerpo está muerto, el mismo se hunde. Desde luego que cuando se descompone flota, tal como la paja y otras cosas, pero en cuanto el hombre muere, de inmediato se hunde en el agua. Así mismo, todos estos planetas están flotando en el espacio, y eso se debe a la entrada en ellos de la energía suprema de la Suprema Personalidad de Dios. Su energía está sosteniendo a cada planeta, tal como si fuera un puñado de tierra. Si alguien sostiene un puñado de tierra, no hay ninguna posibilidad de que ésta caiga, pero si uno la lanza al aire, caerá. De la misma manera, a estos planetas, que están flotando en el aire, los sostiene de hecho el puño de la forma universal del Señor Supremo. Por medio de Su fuerza y energía, todas las cosas móviles e inmóviles se quedan en su sitio. En los himnos védicos se dice que en virtud de la Suprema Personalidad de Dios, el Sol brilla y los planetas se mueven de una manera constante. De no ser por Él, todos los planetas se dispersarían, tal como el polvo en el aire, y perecerían. Así mismo, se debe a la Suprema Personalidad de Dios que la Luna nutra todos los vegetales. Debido a la influencia de la Luna, los vegetales se vuelven deliciosos. Sin la luz de la Luna, los vegetales no podrían crecer ni ser suculentos. La sociedad humana trabaja, vive cómodamente y disfruta de la comida, debido a lo que provee el Señor Supremo. De lo contrario, la humanidad no podría sobrevivir. La palabra rasātmakaḥ es muy significativa. Todo se vuelve sabroso por obra del Señor Supremo a través de la influencia de la Luna.

Bg 15.14

ahaṁ vaiśvānaro bhūtvā
prāṇināṁ deham āśritaḥ
prāṇāpāna-samāyuktaḥ
pacāmy annaṁ catur-vidham
Palabra por palabra: 
aham — Yo; vaiśvānaraḥ — Mi porción plenaria como el fuego que digiere; bhūtvā — volviéndome; prāṇinām — de todas las entidades vivientes; deham — en los cuerpos; āśritaḥ — situado; prāṇa — el aire que sale; apāna — el aire que baja; samāyuktaḥ — manteniendo el balance; pacāmi — Yo digiero; annam — alimentos; catuḥ-vidham — los cuatro tipos.
Traducción: 
Yo soy el fuego de la digestión que se encuentra en el cuerpo de todas las entidades vivientes, y Yo me uno con el aire de la vida, saliente y entrante, para digerir las cuatro clases de alimentos que hay.
Significado: 

Según el śāstra Āyur-védico, sabemos que en el estómago hay un fuego que digiere toda la comida que se envía ahí. Cuando el fuego no arde, no hay hambre, y cuando el fuego actúa, nos da hambre. A veces, cuando el fuego no arde bien, se hace necesario un tratamiento. En todo caso, ese fuego representa a la Suprema Personalidad de Dios. Los mantras védicos (Bṛhad-āraṇyaka Up. 5.9.1) también confirman que, el Señor Supremo o el Brahman se encuentra en forma de fuego dentro del estómago, y digiere toda clase de alimentos (ayam agnir vaiśvānaro yo ’yam antaḥ puruṣe yenedam annaṁ pacyate). En consecuencia, puesto que Él ayuda en la digestión de toda clase de alimentos, la entidad viviente no es independiente en el proceso de comer. A menos que el Señor Supremo la ayude a digerir, no hay posibilidad de que coma. Así pues, Él produce y digiere los alimentos, y, por la gracia de Él, nosotros disfrutamos de la vida. En el Vedānta-sūtra (1.2.27) también se confirma eso. Śabdādibhyo ’ntaḥ pratiṣṭhānāc ca: el Señor está situado en el sonido y en el cuerpo, y también en el aire, e incluso en el estómago como la fuerza digestiva. Hay cuatro clases de alimentos: unos que se tragan, otros que se mastican, otros que se lamen y otros que se chupan, y Él es la fuerza con la que se los digiere a todos.

Bg 15.15

sarvasya cāhaṁ hṛdi sanniviṣṭo
mattaḥ smṛtir jñānam apohanaṁ ca
vedaiś ca sarvair aham eva vedyo
vedānta-kṛd veda-vid eva cāham
Palabra por palabra: 
sarvasya — de todos los seres vivientes; ca — y; aham — Yo; hṛdi — en el corazón; sanniviṣṭaḥ — situado; mattaḥ — de Mí; smṛtiḥ — recuerdo; jñānam — conocimiento; apohanam — olvido; ca — y; vedaiḥ — mediante los Vedas; ca — también; sarvaiḥ — todos; aham — Yo soy; eva — ciertamente; vedyaḥ — conocido; vedānta-kṛt — el compilador del Vedānta; veda-vit — el conocedor de los Vedas; eva — ciertamente; ca — y; aham — Yo.
Traducción: 
Yo me encuentro en el corazón de todos, y de Mí proceden el recuerdo, el conocimiento y el olvido. Es a Mí a quien hay que conocer a través de todos los Vedas. En verdad, Yo soy el compilador del Vedānta y el conocedor de los Vedas.
Significado: 

El Señor Supremo está situado como Paramātmā en el corazón de todo el mundo, y todas las actividades tienen su comienzo en Él. La entidad viviente olvida todo lo relativo a su vida pasada, pero tiene que actuar conforme lo indica el Señor Supremo, quien es testigo de todo su trabajo. En consecuencia, ella comienza su trabajo de conformidad con sus acciones pasadas. El conocimiento necesario se le provee, y se le proporciona el recuerdo, y además ella olvida lo que se refiere a su vida pasada. Así pues, el Señor no sólo es omnipresente; Él también está localizado en el corazón de cada individuo. Él otorga los diferentes resultados fruitivos. Él es venerable no sólo como el Brahman impersonal, como la Suprema Personalidad de Dios y como el Paramātmā localizado, sino también como la forma de la encarnación de los Vedas. Los Vedas le dan la guía indicada a la gente, de modo que ésta pueda moldear su vida como se debe e ir de vuelta a Dios, de vuelta al hogar. Los Vedas ofrecen conocimiento acerca de la Suprema Personalidad de Dios, Kṛṣṇa, y Kṛṣṇa, en Su encarnación de Vyāsadeva, es el compilador del Vedānta-sūtra. El comentario que, en forma del Śrīmad-Bhāgavatam, le hizo Vyāsadeva al Vedānta-sūtra, brinda la verdadera explicación sobre esa obra. El Señor Supremo es tan completo, que, para la liberación del alma condicionada, le provee a ésta de comida y se la digiere, le sirve de testigo de sus actividades, le proporciona conocimiento en la forma de los Vedas y, como la Suprema Personalidad de Dios, Śrī Kṛṣṇa, es el maestro del Bhagavad-gī. Él es digno de la adoración del alma condicionada. Luego Dios es supremamente bueno; Dios es supremamente misericordioso.

Antaḥ-praviṣṭaḥ śāstā janānām. La entidad viviente olvida todo en cuanto abandona su cuerpo actual, pero comienza su trabajo de nuevo, iniciada por el Señor Supremo. Aunque ella olvida, el Señor le da la inteligencia para renovar su trabajo donde lo terminó en su última vida. De modo que, la entidad viviente no sólo disfruta o sufre en este mundo según las órdenes del Supremo que está situado localmente en el corazón, sino que además recibe la oportunidad de entender los Vedas con Él. Si uno está interesado en entender el conocimiento védico, entonces Kṛṣṇa le da la inteligencia necesaria para ello. ¿Por qué presenta Él el conocimiento védico para su estudio? Porque la entidad viviente necesita entender a Kṛṣṇa individualmente. La literatura védica lo confirma: yo ’sau sarvair vedair gīyate. En toda la literatura védica, comenzando con los cuatro Vedas, el Vedānta-sūtra y los Upaniṣads y Purāṇas, se celebran las glorias del Señor Supremo. A Él se llega por medio de la ejecución de los rituales védicos, la discusión de la filosofía védica y la adoración de Él mediante el servicio devocional. Por lo tanto, el propósito de los Vedas es el de entender a Kṛṣṇa. Los Vedas nos dan indicaciones para entender a Kṛṣṇa y el proceso para comprenderlo a Él perfectamente. La meta última es la Suprema Personalidad de Dios. El Vedānta-sūtra (1.1.4) confirma eso con las siguientes palabras: tat tu samanvayāt. Uno puede lograr la perfección en tres etapas. Por medio de la comprensión de la literatura védica, uno puede entender su relación con la Suprema Personalidad de Dios; por medio de la ejecución de los diferentes procesos, uno puede acercarse a Él; y al final, uno puede llegar a la meta suprema, que no es otra que la Suprema Personalidad de Dios. En este verso, el propósito de los Vedas, la comprensión de los Vedas y la meta de los Vedas se definen claramente.

Bg 15.16

dvāv imau puruṣau loke
kṣaraś cākṣara eva ca
kṣaraḥ sarvāṇi bhūtāni
kūṭa-stho ’kṣara ucyate
Palabra por palabra: 
dvau — dos; imau — estas; puruṣau — las entidades vivientes; loke — en el mundo; kṣaraḥ — falibles; ca — y; akṣaraḥ — infalibles; eva — ciertamente; ca — y; kṣaraḥ — falibles; sarvāṇi — todas; bhūtāni — las entidades vivientes; kūṭa-sthaḥ — en unidad; akṣaraḥ — infalible; ucyate — se dice.
Traducción: 
Hay dos clases de seres: los falibles y los infalibles. En el mundo material toda entidad viviente es falible, y en el mundo espiritual toda entidad viviente se llama infalible.
Significado: 

Como ya se explicó, el Señor, en Su encarnación de Vyāsadeva, compiló el Vedānta-sūtra. El Señor está dando aquí, en resumen, el contenido del Vedānta-sūtra. Él dice que las entidades vivientes, que son innumerables, se pueden dividir en dos clases: las falibles y las infalibles. Las entidades vivientes son partes integrales separadas y eternas de la Suprema Personalidad de Dios. Cuando ellas están en contacto con el mundo material, se denominan jīva-bhūtaḥ, y las palabras sánscritas que se dan aquí, kṣaraḥ sarvāṇi bhūtāni, significan que son falibles. Sin embargo, aquellos que son uno con la Suprema Personalidad de Dios, se denominan “infalibles”. “Ser uno” no significa que no tengan individualidad, sino que no hay desunión. Todos ellos están de acuerdo con el propósito de la creación. Claro que, en el mundo espiritual no hay creación en absoluto, pero como la Suprema Personalidad de Dios, según se afirma en el Vedānta-sūtra, es la fuente de todas las emanaciones, se explica entonces esa concepción.

De acuerdo con la declaración de la Suprema Personalidad de Dios, el Señor Kṛṣṇa, hay dos clases de entidades vivientes. Los Vedas dan pruebas de eso, así que no hay ninguna duda de ello. Las entidades vivientes que están luchando en este mundo con la mente y los cinco sentidos tienen sus cuerpos materiales, los cuales están cambiando. Mientras una entidad viviente esté condicionada, su cuerpo cambia debido al contacto con la materia. La materia está cambiando, por lo que la entidad viviente parece estar cambiando. Pero en el mundo espiritual, el cuerpo no está hecho de materia; por lo tanto, no hay ningún cambio. En el mundo material, la entidad viviente pasa por seis cambios: nacimiento, crecimiento, permanencia, reproducción, y luego decaimiento y desvanecimiento. Ésos son los cambios del cuerpo material. Pero en el mundo espiritual, el cuerpo no cambia; no hay vejez, no hay nacimiento, no hay muerte. Ahí todo existe en la unidad. Kṣaraḥ sarvāṇi bhūtāni: toda entidad viviente que se ha puesto en contacto con la materia, desde el primer ser creado, Brahmā, hasta la pequeña hormiga, está cambiando de cuerpo; por consiguiente, todos ellos son falibles. Sin embargo, en el mundo espiritual, ellos siempre están liberados en la unidad.

Bg 15.17

uttamaḥ puruṣas tv anyaḥ
paramātmety udāhṛtaḥ
yo loka-trayam āviśya
bibharty avyaya
īśvaraḥ
Palabra por palabra: 
uttamaḥ — la mejor; puruṣaḥ — personalidad; tu — pero; anyaḥ — otra; parama-ātmā — el Ser Supremo; ātmā — el ser; iti — así pues; udāhṛtaḥ — se dice; yaḥ — el cual; loka — del universo; trayam — las tres divisiones; āviśya — entrando; bibharti — manteniendo; avyayaḥ — inagotable; īśvaraḥ — el Señor.
Traducción: 
Además de esas dos clases de seres, existe la más grande de todas las personalidades vivientes, el Alma Suprema, el propio e imperecedero Señor, el cual ha entrado en los tres mundos y los está manteniendo.
Significado: 

El sentido de este verso se expresa muy bien en el Kaṭha Upaniṣad (2.2.13) y en el Śvetāśvatara Upaniṣad (6.13). Ahí se afirma con toda claridad que, por encima de las innumerables entidades vivientes, de las cuales algunas están condicionadas y otras están liberadas, se encuentra la Personalidad Suprema, quien es Paramātmā. El verso de los Upaniṣads reza lo siguiente: nityo nityānāṁ cetanaś cetanānām. El significado de eso es que entre todas las entidades vivientes, tanto condicionadas como liberadas, existe una suprema personalidad viviente, la Suprema Personalidad de Dios, que las mantiene y les da todas las facilidades de disfrute de conformidad con los diferentes trabajos. Esa Suprema Personalidad de Dios se encuentra en el corazón de todos como Paramātmā. Un hombre sabio que pueda entenderlo a Él es merecedor de lograr la paz perfecta, y no así otros.

Bg 15.18

yasmāt kṣaram atīto ’ham
akṣarād api cottamaḥ
ato ’smi loke vede ca
prathitaḥ puruṣottamaḥ
Palabra por palabra: 
yasmāt — debido a que; kṣaram — a los falibles; atītaḥ — trascendental; aham — Yo soy; akṣarāt — más allá de los infalibles; api — además; ca — y; uttamaḥ — el mejor; ataḥ — por lo tanto; asmi — Yo soy; loke — en el mundo; vede — en la literatura védica; ca — y; prathitaḥ — célebre; puruṣa-uttamaḥ — como la Personalidad Suprema.
Traducción: 
Debido a que Yo soy trascendental y estoy más allá tanto de los seres falibles como de los infalibles, y debido a que soy el más grande de todos, soy célebre tanto en el mundo como en los Vedas como esa Persona Suprema.
Significado: 

Nadie puede superar a la Suprema Personalidad de Dios, Kṛṣṇa: ni el alma condicionada, ni el alma liberada. Por consiguiente, Él es la personalidad más grande de todas. Ahora aquí se deja en claro que las entidades vivientes y la Suprema Personalidad de Dios son individuos. La diferencia que hay entre ellos es que las entidades vivientes, ya sea en el estado condicionado o en el estado liberado, no pueden superar en cantidad las inconcebibles potencias de la Suprema Personalidad de Dios. Es incorrecto pensar que el Señor Supremo y las entidades vivientes están en el mismo nivel o son iguales en todos los aspectos. Siempre existe la cuestión de superioridad e inferioridad entre sus personalidades. La palabra uttama es muy significativa. Nadie puede superar a la Suprema Personalidad de Dios.

La palabra loke significa “en las pauruṣa āgama (las Escrituras smṛti)”. Como se confirma en el diccionario Nirukti: lokyate vedārtho ’nena, “El propósito de los Vedas lo explican las Escrituras smṛti”.

Al Señor Supremo, en Su aspecto localizado de Paramātmā, también se lo describe en los propios Vedas. El siguiente verso aparece en los Vedas (Chāndogya Up. 8.12.3): tāvad eṣa samprasādo ’smāc charītāt samutthāya paraṁ jyoti-rūpaṁ sampadya svena rūpeṇābhiniṣpadyate sa uttamaḥ puruṣaḥ. “Cuando se manifiesta de manera separada del cuerpo material, la Superalma muestra Su propia forma, irradiando la luz suprema del Brahman. Ese Supremo se denomina la Personalidad Suprema”. Eso significa que la Personalidad Suprema está manifestando y difundiendo Su refulgencia espiritual, que es la iluminación suprema. Esa Personalidad Suprema también tiene un aspecto localizado, que es Paramātmā. Encarnándose como hijo de Satyavatī y Parāśara, Él, en forma de Vyāsadeva, explica el conocimiento védico.

Bg 15.19

yo mām evam asammūḍho
jānāti puruṣottamam
sa sarva-vid bhajati māṁ
sarva-bhāvena bhārata
Palabra por palabra: 
yaḥ — cualquiera que; mām — a Mí; evam — así pues; asammūḍhaḥ — sin duda; jānāti — conoce; puruṣa-uttamam — la Suprema Personalidad de Dios; saḥ — él; sarva-vit — el conocedor de todo; bhajati — rinde servicio devocional; mām — a Mí; sarva-bhāvena — en todos los aspectos; bhārata — ¡oh, hijo de Bharata!.
Traducción: 
Todo aquel que, sin dudar, Me conoce como la Suprema Personalidad de Dios, es el conocedor de todo. En consecuencia, él se dedica por entero a prestarme servicio devocional, ¡oh, hijo de Bharata!
Significado: 

Existen muchas especulaciones filosóficas acerca de la posición constitucional de las entidades vivientes y la Suprema Verdad Absoluta. Ahora, en este verso, la Suprema Personalidad de Dios explica claramente que todo aquel que sabe que el Señor Kṛṣṇa es la Persona Suprema, es en realidad el conocedor de todo. El conocedor imperfecto sigue tan sólo especulando acerca de la Verdad Absoluta, pero el conocedor perfecto, sin perder su valioso tiempo, se dedica directamente al proceso de conciencia de Kṛṣṇa, el servicio devocional del Señor Supremo. A todo lo largo del Bhagavad-gī se recalca este hecho a cada paso. Y aun así hay muchísimos comentaristas testarudos del Bhagavad-gī que consideran que la Suprema Verdad Absoluta y las entidades vivientes son una misma y única cosa.

El conocimiento védico se denomina śruti: aquello que se aprende por oír. Uno debe de hecho recibir el mensaje védico de labios de autoridades tales como Kṛṣṇa y Sus representantes. Aquí Kṛṣṇa señala todo muy bien, y uno debe oír lo que expone esta fuente. El simple hecho de oír como los cerdos no basta; uno debe ser capaz de entender a las autoridades. No se trata de simplemente especular de un modo académico. Se debe oír de una manera sumisa esto que dice el Bhagavad-gī: que esas entidades vivientes siempre están subordinadas a la Suprema Personalidad de Dios. Todo aquel que sea capaz de entender eso —según la Suprema Personalidad de Dios, Śrī Kṛṣṇa—, conoce el propósito de los Vedas; nadie más lo conoce.

La palabra bhajati es muy significativa. En muchos lugares, la palabra bhajati se emplea en relación con el servicio del Señor Supremo. Si una persona está dedicada al servicio devocional del Señor con plena conciencia de Kṛṣṇa, se debe saber que ella ha entendido todo el conocimiento védico. En el paramparā vaiṣṇava se dice que, si uno está dedicado al servicio devocional de Kṛṣṇa, entonces no hay necesidad de ningún otro proceso espiritual para entender a la Suprema Verdad Absoluta. Ya uno ha llegado al punto de la comprensión, porque está dedicado al servicio devocional del Señor. Uno ha concluido todos los procesos preliminares de la comprensión. Pero si después de especular por cientos de miles de vidas, alguien no llega al punto de entender que Kṛṣṇa es la Suprema Personalidad de Dios y que uno tiene que entregarse a Él, toda la especulación que ha hecho durante esos muchos años y vidas, ha sido una inútil pérdida de tiempo.

Bg 15.20

iti guhyatamaṁ śāstram
idam uktaṁ mayānagha
etad buddhvā buddhimān syāt
kṛta-kṛtyaś ca bhārata
Palabra por palabra: 
iti — así; guhya-tamam — la más confidencial; śāstram — Escritura revelada; idam — este; uktam — revelado; mayā — por Mí; anagha — ¡oh, tú, el inmaculado!; etat — esta; buddhvā — comprensión; buddhi-mān — inteligente; syāt — uno se vuelve; kṛta-kṛtyaḥ — el más perfecto en sus esfuerzos; ca — y; bhārata — ¡oh, hijo de Bharata!.
Traducción: 
Ésa es la parte más confidencial de las Escrituras védicas, ¡oh, tú, el inmaculado!, y ahora Yo la he revelado. Quienquiera que entienda esto se volverá sabio, y sus esfuerzos conocerán la perfección.
Significado: 

El Señor explica aquí claramente que ésta es la esencia de todas las Escrituras reveladas. Y uno debe entender esto tal como lo da la Suprema Personalidad de Dios. De ese modo, uno se volverá inteligente y perfecto en lo que se refiere al conocimiento trascendental. En otras palabras, por el hecho de entender esta filosofía de la Suprema Personalidad de Dios y dedicarse a Su servicio trascendental, todo el mundo puede liberarse de todas las contaminaciones de las modalidades de la naturaleza material. El servicio devocional es un proceso de comprensión espiritual. Dondequiera que exista el servicio devocional, la contaminación material no puede coexistir. El servicio devocional que se le presta al Señor y el propio Señor son exactamente iguales, porque son espirituales; el servicio devocional se lleva a efecto en el seno de la energía interna del Señor Supremo. Se dice que el Señor es el Sol, y la ignorancia es la oscuridad. Cuando el Sol está presente, no hay ninguna posibilidad de oscuridad. Por lo tanto, siempre que el servicio devocional esté presente bajo la debida guía de un maestro espiritual genuino, no hay ninguna posibilidad de ignorancia.

Todo el mundo debe emprender este proceso de conciencia de Kṛṣṇa y dedicarse al servicio devocional, para volverse inteligente y purificarse. A menos que uno llegue a la posición de entender a Kṛṣṇa y se dedique al servicio devocional, por muy inteligente que se sea a juicio de algún hombre ordinario, no se es perfectamente inteligente.

La palabra anagha, con la que se nombra a Arjuna, es significativa. Anagha, “¡oh, tú, el inmaculado!”, significa que a menos que uno esté libre de todas las reacciones pecaminosas, es muy difícil entender a Kṛṣṇa. Uno tiene que liberarse de toda la contaminación, de todas las actividades pecaminosas; entonces podrá entender. Pero el servicio devocional es tan puro y poderoso, que, al uno dedicarse a él, llega automáticamente a la etapa inmaculada.

Mientras uno desempeña el servicio devocional en compañía de devotos puros con plena conciencia de Kṛṣṇa, hay ciertas cosas que es necesario eliminar por completo. La cosa más importante que hay que superar es la debilidad del corazón. La primera caída la causa el deseo de enseñorearse de la naturaleza material. Debido a ello, uno abandona el amoroso servicio trascendental del Señor Supremo. La segunda debilidad del corazón es que, a medida que uno aumenta la propensión a enseñorearse de la naturaleza material, se va apegando a la materia y a la posesión de la materia. Los problemas de la existencia material se deben a esas debilidades del corazón. En este capítulo, los primeros cinco versos describen el proceso mediante el cual uno se libera de esas debilidades del corazón, y el resto del capítulo, desde el verso seis hasta el final, discute el puruṣottama-yoga.

Así terminan los significados de Bhaktivedanta del Decimoquinto Capítulo del Śrīmad Bhagavad-gītā, en relación con el puruṣottama-yoga, “El yoga de la Persona Suprema”.