SB 8.3.25

jijīviṣe nāham ihāmuyā kim
antar bahiś cāvṛtayebha-yonyā
icchāmi kālena na yasya viplavas
tasyātma-lokāvaraṇasya mokṣam
Palabra por palabra: 
jijīviṣe — deseo vivir mucho tiempo; na — no; aham — yo; iha — en esta vida; amuyā — o en la siguiente vida (no deseo vivir, después de ser salvado de esta peligrosa situación); kim — de qué sirve; antaḥ — internamente; bahiḥ — externamente; ca — y; āvṛtayā — cubierto por la ignorancia; ibha-yonyā — en esta vida de elefante; icchāmi — deseo; kālena — por la influencia del tiempo; na — no hay; yasya — del cual; viplavaḥ — aniquilación; tasya — esa; ātma-loka-āvaraṇasya — de la cubierta de la iluminación espiritual; mokṣam — liberación.
Traducción: 
Una vez libre del ataque del cocodrilo, no deseo seguir viviendo. ¿De qué sirve un cuerpo de elefante, cubierto externa e internamente por la ignorancia? Mi único deseo es liberarme eternamente de la ignorancia que me cubre. Esa cubierta no la destruye la influencia del tiempo.
Significado: 

En el mundo material, toda entidad viviente está cubierta por la oscuridad de la ignorancia. Por lo tanto, los Vedas ordenan que debemos dirigirnos hacia el Señor Supremo por intermedio del maestro espiritual, cuya figura se explica en la siguiente oración del Gautamīya-tantra:

oṁ ajñāna-timirāndhasya
jñānāñjana-śalākayā
cakṣur unmīlitaṁ yena
tasmai śrī-gurave namaḥ

«Ofrezco respetuosas reverencias a mi maestro espiritual, que, con la antorcha del conocimiento, abrió mis ojos, cegados por la oscuridad de la ignorancia». Podemos luchar por la existencia en el mundo material, pero lo que no podemos es vivir para siempre. Tenemos que entender que esa lucha por la existencia se debe a la ignorancia, pues, de hecho, todo ser vivo es parte eterna del Señor Supremo. No hay necesidad de que vivamos como elefante o como hombre, como americano o como hindú; nuestro único deseo debe ser liberarnos del ciclo de nacimientos y muertes. La ignorancia nos hace pensar que toda vida que la naturaleza nos ofrece es una vida feliz y agradable; pero, en la degradada vida del mundo material, no hay nadie, desde el Señor Brahmā hasta la hormiga, que pueda ser realmente feliz. Elaboramos infinidad de planes para ser felices, pero en el mundo material no puede haber la menor felicidad, por mucho que tratemos de procurarnos una situación permanente, en esta vida o en cualquier otra.