SB 8.1.10

ātmāvāsyam idaṁ viśvaṁ
yat kiñcij jagatyāṁ jagat
tena tyaktena bhuñjīthā
mā gṛdhaḥ kasya svid dhanam
Palabra por palabra: 
ātma — la Superalma; āvāsyam — que vive en todas partes; idam — este universo; viśvam — todos los universos, todos los lugares; yat — todo lo que; kiñcit — todo lo que existe; jagatyām — en este mundo, en todas partes; jagat — todo, lo animado y lo inanimado; tena — por Él; tyaktena — asignado; bhuñjīthāḥ — podéis disfrutar; — no; gṛdhaḥ — aceptéis; kasya svit — de ningún otro; dhanam — la propiedad.
Traducción: 
Dentro del universo, y en Su aspecto de Superalma, la Suprema Personalidad de Dios Se encuentra en todas partes, allí donde haya seres animados o inanimados. Por lo tanto, sólo debemos tomar lo que nos ha sido asignado; no debemos desear apoderarnos de la propiedad ajena.
Significado: 

Tras explicar que la Suprema Personalidad de Dios es trascendental, Svāyambhuva Manu, para instruir a los hijos y nietos de su dinastía, explica ahora que todo lo que existe en el universo es propiedad de la Suprema Personalidad de Dios. Las instrucciones de Manu no son sólo para sus hijos y sus nietos, sino para toda la sociedad humana. La palabra sánscrita manuṣya, «hombre», se deriva de la designación manu, pues todos los miembros de la sociedad humana son descendientes del manu original. A Manu se le menciona también en la Bhagavad-gītā (4.1), donde el Señor dice:

imaṁ vivasvate yogaṁ
proktavān aham avyayam
vivasvān manave prāha
manur ikṣvākave 'bravīt

«Yo enseñé esta ciencia imperecedera del yoga al dios del Sol, Vivasvān, y Vivasvān se la enseñó a Manu, el padre de la humanidad, y Manu, a su vez, se la enseñó a Ikṣvāku». Svāyambhuva Manu y Vaivasvata Manu tienen deberes semejantes. Vaivasvata Manu nació de Vivasvān, el dios del Sol, y su hijo fue Ikṣvāku, el rey de la Tierra. A Manu se le considera el padre original de la humanidad y, por lo tanto, la sociedad humana debe seguir sus instrucciones.

Svāyambhuva Manu enseña que todo lo que existe, no sólo en el mundo espiritual, sino también en el mundo material, es propiedad de la Suprema Personalidad de Dios, que está en todas partes en forma de Superconciencia. Como se confirma en la Bhagavad-gītā (13.3): kṣetra-jñaṁ cāpi māṁ viddhi sarva-kṣetreṣu bhārata: El Señor Supremo existe en forma de Superalma en cada campo, o, en otras palabras, en cada cuerpo. El alma individual recibe un cuerpo con el que vivir y actuar conforme a las instrucciones de la Persona Suprema; por lo tanto, la Persona Suprema también existe dentro de todos los cuerpos. No debemos pensar que somos independientes; por el contrario, debemos entender que se nos ha asignado una determinada parte del conjunto de la propiedad de la Suprema Personalidad de Dios.

Esa comprensión nos llevará al comunismo perfecto. Los comunistas piensan en función de sus propias naciones, pero el comunismo espiritual que aquí se enseña no funciona solamente a escala nacional, sino a nivel universal. Nada pertenece a ninguna nación ni a ninguna persona individual; todo pertenece a la Suprema Personalidad de Dios. Ése es el significado de este verso. Ātmāvāsyam idaṁ viśvam: Todo lo que existe en el universo es propiedad de la Suprema Personalidad de Dios. La teoría comunista hoy vigente, así como la idea de las Naciones Unidas, puede reformarse - y, de hecho, corregirse - mediante la comprensión de que todo pertenece a la Suprema Personalidad de Dios. El Señor no es creación de nuestra inteligencia; por el contrario, Él es quien nos ha creado a nosotros. Ātmāvāsyam idaṁ viśvam. Īśāvāsyam idaṁ sarvam. Este comunismo espiritual puede resolver todos los problemas del mundo.

A partir de las Escrituras védicas, debemos aprender que tampoco el cuerpo es propiedad del alma individual, sino que ésta lo ha recibido conforme a su karma. Karmaṇā daiva-netreṇa jantur dehopapattaye. Las 8.400.000 distintas formas corporales son máquinas que se dan al alma individual. Esto se confirma en la Bhagavad-gītā (18.61):

īśvaraḥ sarva-bhūtānāṁ
hṛd-deśe 'rjuna tiṣṭhati
bhrāmayan sarva-bhūtāni
yantrārūḍhāni māyayā

«El Señor Supremo Se encuentra en el corazón de todos, ¡oh, Arjuna!, y dirige los movimientos de todas las entidades vivientes, que están situadas como en una máquina hecha de energía material». El Señor, en la forma de Superalma, reside en el corazón de todos y observa los deseos del alma individual. El Señor es tan misericordioso que da a la entidad viviente la oportunidad de disfrutar de diversidad de deseos en cuerpos adecuados, que no son otra cosa que máquinas (yantrārūḍhāni māyayā). Esas máquinas están construidas con los elementos materiales de la energía externa, y con ellas la entidad viviente disfruta o sufre conforme a sus deseos. Es la Superalma quien brinda esa oportunidad.

Todo pertenece al Supremo, y, por lo tanto, no debemos usurpar la propiedad ajena. Tenemos tendencia a construir muchas cosas. En nuestros días, especialmente, se construyen rascacielos y se inventan muchas comodidades materiales. Sin embargo, debemos saber que nadie más que la Suprema Personalidad de Dios puede fabricar los constituyentes de los rascacielos y las máquinas. El mundo entero no es otra cosa que una combinación de los cinco elementos materiales (tejo-vāri-mṛdāṁ yathā vinimayaḥ). Los rascacielos son una transformación de la tierra, el agua y el fuego. Los ladrillos son tierra y agua combinadas y sometidas a la acción del fuego, y los rascacielos, en esencia, son una construcción alta de ladrillos. Tal vez el hombre fabrique los ladrillos, pero no puede fabricar los constituyentes de los ladrillos. Por supuesto, como operario, el hombre puede aceptar un salario de la Suprema Personalidad de Dios. Eso es lo que aquí se afirma: tena tyaktena bhuñjīthāḥ. Podemos construir un gran rascacielos, pero ni el constructor, ni el comerciante ni el obrero pueden reclamar el derecho de propiedad sobre él. Ese derecho le corresponde a la persona que ha financiado el edificio. La Suprema Personalidad de Dios ha fabricado el agua, la tierra, el aire, el fuego y el cielo, y nosotros podemos utilizarlos y recibir un salario (tena tyaktena bhuñjīthāḥ). Sin embargo, no podemos reclamar el derecho de propiedad. Eso es comunismo perfecto. Nuestra tendencia a construir grandes edificios sólo debe emplearse para construir templos grandes y opulentos para instalar en ellos la Deidad de la Suprema Personalidad de Dios. Entonces, nuestro deseo de construir se verá satisfecho.

Puesto que toda propiedad pertenece a la Suprema Personalidad de Dios, todo debe ser ofrecido al Señor, y nosotros solamente debemos tomar prasāda (tena tyaktena bhuñjīthāḥ). No debemos pelear entre nosotros para tomar más de lo que necesitamos. Nārada dijo a Mahārāja Yudhiṣṭhira:

yāvad bhriyeta jaṭharaṁ
tāvat svatvaṁ hi dehinām
adhikaṁ yo 'bhimanyeta
sa steno daṇḍam arhati

«Es lícito asumir la propiedad de las riquezas necesarias para mantener juntos el cuerpo y el alma, pero quien aspire a mayores propiedades debe ser considerado un ladrón, y merece el castigo de las leyes de la naturaleza» (Bhāg. 7.14.8). Es indudable que necesitamos que se nos mantenga en lo que se refiere a comer, dormir, aparearnos y defendernos (āhāra-nidrā-bhaya-maithuna), pero podemos ver que el Señor Supremo, la Suprema Personalidad de Dios, ha provisto de lo necesario para vivir incluso a las aves e insectos. ¿Por qué iba a negárselo a los seres humanos? No hay necesidad de crecimiento económico; se nos ha dado de todo. Por lo tanto, debemos entender que todo pertenece a Kṛṣṇa, y, conforme a esa idea, debemos aceptar el prasāda. Pero quien trata de apoderarse de lo que corresponde a otros es un ladrón. No debemos aceptar más que lo que realmente necesitamos. Por lo tanto, si llega a ocurrir que recibimos una gran cantidad de dinero, siempre debemos considerarlo propiedad de la Suprema Personalidad de Dios. En el movimiento para la conciencia de Kṛṣṇa recibimos el dinero que necesitamos, pero nunca debemos pensar que nos pertenece; su propietario es la Suprema Personalidad de Dios, y debe repartirse con ecuanimidad entre los trabajadores, los devotos. Ningún devoto debe creerse dueño de ningún dinero y de ninguna propiedad. A aquel que piensa que alguna parte de este enorme universo le pertenece a alguien, debe considerársele ladrón, y merece el castigo de las leyes de la naturaleza. Daivī hy eṣā guṇamayī mama māyā duratyayā: Nadie puede pasar por encima de la vigilancia de la naturaleza material u ocultarle sus intenciones. Si la sociedad humana, de manera ilegal, proclama que el universo le pertenece parcial o completamente, toda ella, en su conjunto, será maldecida como sociedad de ladrones, y será castigada por las leyes de la naturaleza.