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SB 7.7.38

ko 'ti-prayāso 'sura-bālakā harer
upāsane sve hṛdi chidravat sataḥ
svasyātmanaḥ sakhyur aśeṣa-dehināṁ
sāmānyataḥ kiṁ viṣayopapādanaiḥ
Palabra por palabra: 
kaḥ — qué; ati-prayāsaḥ — esfuerzo difícil; asura-bālakāḥ — ¡oh, hijos de los demonios!; hareḥ — de la Suprema Personalidad de Dios; upāsane — en el desempeño de servicio devocional; sve — en el propio; hṛdi — lo más hondo del corazón; chidra-vat — tal como el espacio; sataḥ — que siempre existe; svasya — del propio ser, o de la entidad viviente; ātmanaḥ — de la Superalma; sakhyuḥ — del amigo bienqueriente; aśeṣa — ilimitadas; dehinām — de las almas corporificadas; sāmānyataḥ — generalmente; kim — qué necesidad hay; viṣaya-upapādanaiḥ — con actividades que producen objetos para el disfrute de los sentidos.
Traducción: 
¡Oh, amigos míos, hijos de los asuras!, la Suprema Personalidad de Dios, en Su aspecto como Superalma, está siempre presente en lo más hondo del corazón de todas las entidades vivientes. En verdad, Él es el bienqueriente y amigo de todas las entidades vivientes, y adorarle no supone ninguna dificultad. ¿Cuál es entonces la razón de que la gente no se ocupe en Su servicio devocional? ¿Por qué son tan adictos a la innecesaria producción de objetos artificiales para complacer los sentidos?
Significado: 

La Suprema Personalidad de Dios es el ser supremo, y, por lo tanto, nadie es igual ni más grande que Él. Sin embargo, para Su devoto, la Suprema Personalidad de Dios es fácilmente accesible. A Él se Le compara con el cielo, porque el cielo, a pesar de su amplitud, está al alcance de todos, y no sólo de los seres humanos, sino también de los animales. El Señor Supremo, en Su aspecto de Paramātmā, es el mejor amigo y bienqueriente. Como se confirma en los Vedas: sayujau sakhāyau. El Señor, en Su aspecto de Superalma, siempre permanece en el corazón acompañando a la entidad viviente. El afecto del Señor por las entidades vivientes es tan grande que permanece dentro de nuestro corazón, de manera que nunca tengamos dificultad para entrar en contacto con Él. Ese contacto puede establecerse fácilmente mediante el servicio devocional (śravaṇaṁ kīrtanaṁ viṣṇoḥ smaraṇaṁ pāda-sevanaṁ). Tan pronto como escuchamos acerca de la Suprema Personalidad de Dios (kṛṣṇa-kīrtana), inmediatamente entramos en contacto con el Señor. El devoto se pone en contacto con el Señor por medio de uno o de todos los procesos del servicio devocional.

śravaṇaṁ kīrtanaṁ viṣṇoḥ
smaraṇaṁ pāda-sevanam
arcanaṁ vandanaṁ dāsyaṁ
sakhyam ātma-nivedanam

Por lo tanto, entrar en contacto con el Señor Supremo (ko 'ti-prayāsaḥ) no supone la menor dificultad. Para ir al infierno, por otra parte, sí hacen falta grandes esfuerzos. Para ir al infierno por medio de la vida sexual ilícita, el comer carne, los juegos de azar y la ingestión de sustancias embriagantes, hacen falta muchas cosas. La vida sexual ilícita supone tener dinero para gastar en los burdeles; para comer carne se necesitan grandes mataderos; para practicar juegos de azar, hay que ir a los casinos y hoteles; y, para embriagarse, tiene que haber muchos bares. Queda claro, por lo tanto, que para ir al infierno hay que hacer grandes esfuerzos; sin embargo, quien desee ir de regreso al hogar, de vuelta a Dios, no hallará grandes dificultades. Quien quiera ir de regreso a Dios puede vivir solo, sin importar dónde ni en qué circunstancia; lo único que debe hacer es sentarse, meditar en la Superalma y cantar y escuchar acerca del Señor. Acercarse al Señor no es difícil. Adānta gobhir viśatāṁ tamisram. El que no puede controlar los sentidos tiene que realizar grandes esfuerzos para acabar yéndose al infierno; la persona sensata, sin embargo, puede alcanzar fácilmente el favor de la Suprema Personalidad de Dios, pues el Señor está siempre con ella. El Señor Se satisface con el sencillo método de śravaṇaṁ kīrtanaṁ viṣṇoḥ. El Señor, personalmente, dice:

patraṁ puṣpaṁ phalaṁ toyaṁ
yo me bhaktyā prayacchati
tad ahaṁ bhakty-upahṛtam
aśnāmi prayatātmanaḥ

«Si alguien Me ofrece con amor y devoción una hoja, una flor, fruta o agua, Yo lo aceptaré» (Bg. 9.26). La meditación en el Señor se puede llevar a cabo en cualquier lugar en que nos encontremos. Prahlāda Mahārāja aconsejó, por lo tanto, a sus amigos, los hijos de los demonios, que emprendiesen esta senda de regreso al hogar, de vuelta a Dios, que está libre de dificultades.