SB 6.1.33

kasya vā kuta āyātāḥ
kasmād asya niṣedhatha
kiṁ devā upadevā yā
yūyaṁ kiṁ siddha-sattamāḥ
Palabra por palabra: 
kasya — de quién sois sirvientes; — o; kutaḥ — de dónde; āyātāḥ — habéis venido; kasmāt — cuál es la razón; asya — (el llevarnos) a este Ajāmila; niṣedhatha — estáis prohibiendo; kim — o bien; devāḥ — semidioses; upadevāḥ — semidioses menores; yāḥ — quién; yūyam — todos vosotros; kim — o bien; siddha-sat-tamāḥ — los mejores entre los seres perfectos, los devotos puros.
Traducción: 
Queridos señores, ¿a quién servís?, ¿de dónde habéis venido?, y ¿por qué nos prohibís tocar el cuerpo de Ajāmila? ¿Sois semidioses de los planetas celestiales?, ¿o acaso semidioses menores?; ¿sois los mejores de los devotos?
Significado: 

La palabra más significativa de este verso es siddha-sattamāḥ, que significa «los mejores entre los perfectos». En la Bhagavad-gītā (7.3), se dice: manuṣyāṇāṁ sahasreṣu kaścid yatati siddhaye: De entre millones de personas, puede que una trate de ser siddha, perfecta, o, en otras palabras, autorrealizada. La persona autorrealizada sabe que no es el cuerpo, sino un alma espiritual (ahaṁ brahmāsmi). En la actualidad, prácticamente nadie es consciente de este hecho, pero aquel que lo comprende ha alcanzado la perfección y, por lo tanto, es un siddha. Cuando alguien entiende que el alma es parte integral del alma suprema, y en consecuencia se ocupa en el servicio devocional del alma suprema, alcanza la posición de siddha-sattama. Entonces está preparado para vivir en los planetas Vaikuṇṭhas o en Kṛṣṇaloka. La palabra siddha-sattama, por lo tanto, se refiere al devoto liberado, el devoto puro.

Como sirvientes de Yamarāja, que también es uno de los siddha-sattamas, los yamadūtas sabían que los siddha-sattamas están por encima de los semidioses y de los semidioses menores, y, por lo tanto, por encima de todas las entidades vivientes del mundo material. Así pues, los yamadūtas preguntaron a los viṣṇudūtas cuál era la razón de su presencia ante un pecador que estaba a punto de morir.

También se debe señalar que Ajāmila todavía no estaba muerto, pues los yamadūtas trataban de arrancarle el alma del corazón. Sin embargo, no pudieron hacerlo; de modo que Ajāmila todavía no estaba muerto. Esto se explicará en versos posteriores. Durante la discusión entre los yamadūtas y los viṣṇudūtas, Ajāmila yacía en estado inconsciente. En la conclusión de la disputa se decidirá quién tiene derecho al alma de Ajāmila.