SB 10.9

Mientras daba de mamar a Kṛṣṇa, madre Yaśodā se vio obligada a separarle de su pecho, porque vio que la leche que hervía en el fuego estaba a punto de derramarse. Como las sirvientas estaban atareadas en otros quehaceres, madre Yaśodā corrió a retirar la cacerola del fuego, dejando a Kṛṣṇa solo por un momento. Kṛṣṇa Se enfadó mucho con Su madre y Se las arregló para romper los potes de yogur. Al ver el estropicio que Kṛṣṇa había causado, madre Yaśodā decidió atarle. Estos pasatiempos se explican en este capítulo.

Un día, mientras las sirvientas realizaban otras labores domésticas, madre Yaśodā se puso a batir ella misma el yogur para hacer mantequilla. Kṛṣṇa Se le acercó entonces y le pidió que Le dejase mamar de su pecho. Madre Yaśodā no lo dudó ni por un momento y Le sentó en su regazo, pero entonces se dio cuenta de que la leche que se calentaba en la cocina estaba a punto de derramarse, de modo que, sin perder un instante, separó a Kṛṣṇa de su pecho y corrió a retirar del fuego la cacerola. Pero Kṛṣṇa, al verse así apartado del pecho de Su madre, Se enfadó mucho; cogió una piedra, rompió el pote en que Su madre batía mantequilla, y Se escondió en una habitación; allí Se puso a comer la mantequilla recién batida. Cuando madre Yaśodā regresó, después de retirar del fuego la cacerola de leche, se encontró con el pote roto. Como aquello sólo podía ser obra de Kṛṣṇa, se puso a buscarlo, y, cuando entró en la habitación contigua, vio a Kṛṣṇa subido en el ulūkhala, un gran mortero de moler especias. Kṛṣṇa había puesto el mortero boca abajo, y, subido en él, estaba robando la mantequilla de las vasijas que colgaban del techo, y se la daba a los monos. Tan pronto como vio aparecer a Su madre, Kṛṣṇa echó a correr, y madre Yaśodā salió tras Él. Al poco rato, madre Yaśodā logró atrapar a Kṛṣṇa, que, consciente de Su travesura, Se puso a llorar. Madre Yaśodā, por supuesto, amenazó a Kṛṣṇa con castigarle si volvía a hacer algo semejante, y decidió atarle con una cuerda. Pero cuando llegó el momento de hacer el nudo, se encontró con que le faltaba el equivalente al ancho de dos dedos de cuerda para atarle. Madre Yaśodā alargó la cuerda atándole otro trozo, pero de nuevo se encontró con que faltaban dos dedos de cuerda. Aunque lo intentó una y otra vez, siempre le faltaban dos dedos de cuerda. Madre Yaśodā acabó muy cansada, y Kṛṣṇa, al ver el cansancio de Su cariñosa madre, Se dejó atar. Mostrándose compasivo con ella, dejó de manifestar Su potencia ilimitada. Después de atar a Kṛṣṇa, madre Yaśodā siguió con sus tareas domésticas. Kṛṣṇa, entonces, observó dos árboles yamala-arjuna, que en realidad eran Nalakūvara y Maṇigrīva, dos hijos de Kuvera a quien Nārada Muni había maldecido, condenándoles a volverse árboles. Kṛṣṇa, por Su misericordia, Se dirigió hacia los árboles para satisfacer el deseo de Nārada Muni.

SB 10.9.1-2 Śrī Śukadeva Gosvāmī continuó: Un día, al ver que todas las sirvientas estaban ocupadas en otras tareas domésticas, madre Yaśodā se puso a batir el yogur ella misma. Mientras lo hacía, recordaba las actividades infantiles de Kṛṣṇa, y disfrutaba cantando acerca de todas esas actividades con canciones que ella misma componía.
SB 10.9.3 Vestida con un sārī de color amarillo azafrán, con un cinturón en torno a sus redondas caderas,madre Yaśodā tiraba de la cuerda de batir realizando un considerable esfuerzo, que hacía que Sus ajorcas y pendientes se moviesen y sonasen al compás de las sacudidas de su cuerpo. Debido al intenso amorque sentía por su hijo, sus senos estaban húmedos de leche. Su rostro, de hermosísimas cejas, estaba empapado de sudor, y de sus cabellos se desprendían flores mālatī.
SB 10.9.4 Mientras madre Yaśodā batía la mantequilla, el Señor Kṛṣṇa, que deseaba beber la leche de su pecho, Se presentó ante ella y, para aumentar su placer trascendental, Se tomó del palo de batir dispuesto a no dejarla continuar.
SB 10.9.5 Madre Yaśodā abrazó a Kṛṣṇa, dejó que Se sentase en su regazo y, llena de amor y cariño, se entregó a la contemplación del rostro del Señor. Su cariño era tan intenso que de sus senos comenzó a fluir la leche. Sin embargo, cuando vio que la leche que hervía en la cocina estaba a punto de salirse de la cacerola, dejó inmediatamente a su hijo y acudió a atender el fuego, aunque el niño no había satisfecho plenamente Su deseo de beber la leche de Su madre.
SB 10.9.6 Muy enfadado y mordiéndose los rojizos labios con los dientes, Kṛṣṇa, con lágrimas falsas en los ojos, rompió la vasija de yogur con una piedra. Acto seguido, Se escondió en una habitación y, donde nadie Le veía, Se puso a comer la mantequilla recién batida.
SB 10.9.7 Madre Yaśodā, después de retirar del fuego la leche caliente, volvió al lugar en que batía la mantequilla. Al ver que la vasija de yogur estaba rota y que Kṛṣṇa no estaba allí, dedujo que aquello tenía que ser obra de Kṛṣṇa.
SB 10.9.8 Kṛṣṇa, en ese momento, estaba sentado sobre un mortero de madera vuelto del revés. Sobre el mortero de moler especias, Kṛṣṇa repartía yogur, mantequilla y otros productos lácteos entre los monos a Su entera satisfacción. Como había robado, no dejaba de mirar a Su alrededor lleno de ansiedad, sospechando que Su madre podría castigarle. Madre Yaśodā, al verle, se Le acercó por detrás con gran sigilo.
SB 10.9.9 Cuando vio que Su madre se Le acercaba con un palo en la mano, el Señor Śrī Kṛṣṇa Se bajó rápidamente del mortero y salió huyendo como si tuviese mucho miedo. Los yogīs, que tratan de atrapar la forma de Paramātmā por medio de la meditación, y que realizan grandes austeridades y penitencias para entrar en la refulgencia del Señor, no logran llegar a Él. Pero madre Yaśodā, pensando que esa misma Personalidad de Dios, Kṛṣṇa, era su hijo, salió corriendo tras Él dispuesta a atraparle.
SB 10.9.10 Mientras perseguía a Kṛṣṇa, madre Yaśodā se vio naturalmente forzada a disminuir su velocidad, con su fina cintura abrumada por el peso de sus senos. Corría tanto para alcanzar a Kṛṣṇa, que se le soltaron los cabellos, y las flores que adornaban su peinado dejaron una estela a su paso. No obstante, consiguió atrapar a su hijo Kṛṣṇa.
SB 10.9.11 Viéndose atrapado por madre Yaśodā, Kṛṣṇa sintió muchísimo temor y reconoció la insolencia cometida. Ella, al mirarle, vio que estaba llorando y que, al frotarse los ojos con las manos, el cosmético negro que realzaba Sus ojos se mezclaba con las lágrimas y se extendía por toda Su cara. Madre Yaśodā, tomando a su hermoso hijo de la mano, Le dio una suave reprimenda.
SB 10.9.12 Sin saber quién era Kṛṣṇa ni hasta dónde llegaba Su poder, madre Yaśodā estaba siempre cautivada de un intenso amor por su hijo. Debido a su cariño maternal por Kṛṣṇa, nunca se preocupó siquiera de saber quién era Él. Por eso, cuando vio que su hijo tenía muchísimo miedo, soltó el palo y se propuso atarle para que no cometiese nuevas travesuras.
SB 10.9.13-14 La Suprema Personalidad de Dios no tiene ni principio ni final, exterior ni interior, parte delantera o trasera. En otras palabras, Él es omnipresente. Puesto que no Se halla bajo la influencia del elemento tiempo, para Él no hay diferencia entre el pasado, el presente y el futuro; Él existe en Su propia forma trascendental en todas las fases del tiempo. Como es absoluto y está más allá de toda relatividad, está libre de las distinciones entre causa y efecto, aunque es la causa y el efecto de todo. Esa persona no manifestada, que está más allá de la percepción de los sentidos, había descendido ahora en la forma de un niño humano, y madre Yaśodā, considerándole su propio hijo, un niño corriente, Le ató al mortero de madera con una cuerda.
SB 10.9.15 Cuando trató de atar a su travieso hijo, madre Yaśodā vio que la cuerda se quedaba corta por el ancho de dos dedos. Entonces trajo otra cuerda para unirla a la anterior.
SB 10.9.16 Pero a la nueva cuerda le faltaba también el ancho de dos dedos. Cuando le añadió otro cabo, seguía siendo dos dedos demasiado corta. Por más cuerdas que añadía, no conseguía nada; no había manera de completar aquella separación.
SB 10.9.17 Madre Yaśodā acabó uniendo todas las cuerdas que encontró en casa,pero, aun así, no consiguió atar a Kṛṣṇa. Las amigas de madre Yaśodā, lasgopīs mayores del vecindario, sonreían y disfrutaban muy divertidas. Madre Yaśodā, pese a sus intensos esfuerzos, también sonreía. Todas ellas estaban completamente asombradas.
SB 10.9.18 Con el intenso esfuerzo que realizaba, madre Yaśodā tenía todo el cuerpo empapado en sudor, y las flores y la peineta se le desprendían de los cabellos. Al ver la fatiga de Su madre, el niño Kṛṣṇa fue misericordioso con ella y consintió en ser atado.
SB 10.9.19 ¡Oh, Mahārāja Parīkṣit!, todo este universo, con sus grandes y excelsos semidioses, como el Señor Śiva, el Señor Brahmā y el Señor Indra, se halla bajo el control de la Suprema Personalidad de Dios. El Señor Supremo, sin embargo, posee un atributo trascendental: Se deja controlar por Sus devotos. Ésa era la cualidad que Kṛṣṇa manifestaba ahora en ese pasatiempo.
SB 10.9.20 Ni el Señor Brahmā, ni el Señor Śiva, ni la mismísima diosa de la fortuna, que es la compañera inseparable del Señor Supremo, pueden obtener de la Suprema Personalidad de Dios, el liberador del mundo material, la misericordia que recibió madre Yaśodā.
SB 10.9.21 La Suprema Personalidad de Dios, Kṛṣṇa, el hijo de madre Yaśodā, está al alcance de los devotos que se ocupan en servicio amoroso espontáneo, pero los especuladores mentales, quienes se esfuerzan arduamente por la autorrealización mediante rigurosas austeridades y penitencias, o quienes identifican el cuerpo con el ser, no pueden llegar a Él tan fácilmente.
SB 10.9.22 Mientras madre Yaśodā se absorbía en las tareas del hogar, el Señor Supremo, Kṛṣṇa, observó los árboles gemelos yamala-arjuna, que en un milenio anterior habían sido los semidioses hijos de Kuvera.
SB 10.9.23 En su vida anterior, aquellos dos hijos, Nalakūvara y Maṇigrīva, habían gozado de una opulencia y fortuna extraordinarias. Sin embargo, debido al orgullo y el prestigio falso, no guardaban la menor consideración hacia nadie, de modo que Nārada Muni les maldijo a que se volviesen árboles.