SB 1.9.26

puruṣa-sva-bhāva-vihitān
yathā-varṇaṁ yathāśramam
vairāgya-rāgopādhibhyām
āmnātobhaya-lakṣaṇān
Palabra por palabra: 
puruṣa — el ser humano; sva-bhāva — por sus propias cualidades adquiridas; vihitān — prescritas; yathā — de acuerdo con; varṇam — clasificación de las castas; yathā — de acuerdo con; āśramam — órdenes de vida; vairāgya — desapego; rāga — apego; upādhibhyām — por dichas designaciones; āmnāta — sistemáticamente; ubhaya — ambos; lakṣaṇān — signos.
Traducción: 
Ante la pregunta de Mahārāja Yudhiṣṭhira, Bhīṣmadeva definió primero todas las clasificaciones de castas y órdenes de vida en función de las cualidades del individuo. Luego, de un modo sistemático y con dos divisiones, describió la neutralización mediante el desapego y la interacción mediante el apego.
Significado: 

El concepto de las cuatro castas y cuatro órdenes de vida, tal como las planeó el propio Señor (Bg. 4.13), tiene por objeto acelerar las cualidades trascendentales del individuo, de manera que éste pueda comprender gradualmente su identidad espiritual, y así actuar conforme a ello para liberarse del cautiverio material, o la vida condicionada. En casi todos los Purāṇas, el asunto en cuestión se describe con el mismo espíritu, y, de igual modo, también en el Mahābhārata Bhīṣmadeva lo describe más detalladamente en el Śānti-parva, comenzando desde el capítulo sesenta.

El varṇāśrama-dharma se prescribe para el ser humano civilizado, tan sólo para enseñarle a culminar con éxito la vida humana. La autorrealización se distingue de la vida de los animales inferiores, dedicados a comer, dormir, temer y aparearse. Bhīṣmadeva recomendó nueve cualidades que deben exhibir todos los seres humanos: 1) no enfurecerse, 2) no mentir, 3) distribuir riquezas equitativamente, 4) perdonar, 5) engendrar hijos únicamente con la esposa legítima de uno, 6) ser de mente pura y de cuerpo sano, 7) no ser hostil a nadie, 8) ser sencillo, y 9) mantener a sirvientes y subordinados. A uno no puede llamársele una persona civilizada, si no adquiere las antedichas cualidades preliminares. Además de ésas, los brāhmaṇas (los hombres inteligentes), los administradores, la comunidad mercantil y la clase laboral deben adquirir cualidades especiales, en función de los deberes de las ocupaciones que se mencionan en todas las Escrituras védicas. Para los hombres inteligentes, controlar los sentidos es la cualidad más esencial. Ella es la base de la moralidad. La satisfacción sexual, incluso con la esposa legítima, también debe ser controlada, y con ello el control familiar seguirá automáticamente. Un hombre inteligente abusa de sus grandes capacidades, si no sigue el modo de vida védico. Esto significa que debe estudiar con toda seriedad las Escrituras védicas, especialmente el Śrīmad-Bhāgavatam y la Bhagavad-gītā. Para aprender el conocimiento védico, hay que acudir a una persona que esté dedicada en un cien por cien al servicio devocional. Dicha persona no debe hacer cosas que estén prohibidas en los śāstras. El hombre que bebe o fuma no puede ser maestro. En el sistema moderno de educación, sólo se toma en cuenta la capacitación académica del profesor, sin evaluar su nivel moral. Por lo tanto, el resultado de la educación es que de muchísimas maneras se hace un mal uso de la elevada inteligencia.

Al kṣatriya, el miembro de la clase administrativa, se le aconseja especialmente dar caridad y no aceptar caridad bajo ninguna circunstancia. Los administradores modernos reúnen contribuciones para algunas funciones políticas, pero nunca les dan caridad a los ciudadanos en ninguna función estatal. Los mandamientos de los śāstras indican justamente lo opuesto. Los miembros de la clase administrativa deben estar bien versados en los śāstras, pero no deben adoptar la profesión de maestros. Los administradores nunca deben tratar de volverse no violentos y de ese modo ir al infierno. Cuando en el campo de batalla de Kurukṣetra Arjuna quiso volverse un cobarde no violento, fue severamente regañado por el Señor Kṛṣṇa. En esta ocasión, el Señor puso a Arjuna en el nivel de un hombre incivilizado, por su declarada aceptación del culto a la no violencia. La clase administrativa debe ser adiestrada personalmente en lo referente a la educación militar. Los cobardes no deben ser elevados al trono presidencial únicamente a fuerza de votos numéricos. Los monarcas eran todos personalidades heroicas, y, por consiguiente, la monarquía debe mantenerse, siempre y cuando al monarca se le adiestre regularmente en lo que respecta a los deberes propios de la posición de rey. En tiempos de guerra, el rey o el presidente nunca debe regresar a casa sin ser herido por el enemigo. El mal llamado rey de hoy en día nunca visita el campo de guerra. Él es sumamente experto en animar de un modo artificial a las fuerzas combatientes, con la esperanza de obtener un falso prestigio nacional. Tan pronto como la clase administrativa se convierte en una camarilla de comerciantes y obreros, toda la maquinaria gubernamental se contamina.

A los vaiśyas, los miembros de las comunidades mercantiles, se les recomienda especialmente proteger a las vacas. La protección de las vacas da como resultado el aumento de productos lácteos, es decir, la cuajada y la mantequilla. La agricultura y la distribución de los comestibles constituyen los deberes principales de la comunidad mercantil, respaldada por la educación en el conocimiento védico, y adiestrada para dar caridad. Así como a los kṣatriyas se les ponía a cargo de la protección de los ciudadanos, a los vaiśyas se les ponía a cargo de la protección de los animales. A los animales nunca se les debe matar. La matanza de animales es símbolo de una sociedad bárbara. Los productos agrícolas, las frutas y la leche le proporcionan al ser humano comestibles suficientes y compatibles. La sociedad humana debe darle más atención a la protección de los animales. La energía productiva del obrero se desperdicia cuando la emplean las empresas industriales. Los diversos tipos de industrias que existen no pueden producir las cosas esenciales para el hombre, es decir, el arroz, el trigo, los granos, la leche, las frutas y las verduras. La producción de máquinas y máquinas herramientas aumenta el modo de vida artificial de una clase de intereses creados, y mantiene a miles de hombres en medio del hambre y la inquietud. Ésa no debe ser la pauta de la civilización.

La clase śūdra es poco inteligente y no debe dársele la independencia. Su función es la de prestarles un servicio sincero a los tres sectores superiores de la sociedad. La clase śūdra puede obtener todas las comodidades de la vida con simplemente prestarles servicio a las clases superiores. Se estipula especialmente que un śūdra nunca debe acumular dinero. Tan pronto como los śūdras acumulan riquezas, las malgastan en actividades pecaminosas relacionadas con el vino, las mujeres y el juego. El vino las mujeres y el juego indican que la población se ha degradado hasta una categoría más baja que śūdra. Las castas superiores siempre deben ocuparse de la manutención de los śūdras, y deben proveerles de ropa vieja y usada. Un śūdra no debe abandonar a su amo cuando éste sea viejo e inválido, y el amo debe mantener satisfechos a los sirvientes en todos los aspectos. A los śūdras se les debe primero que todo satisfacer con ropa y comida suntuosa, antes de la ejecución de cualquier sacrificio. En esta era se realizan muchísimas funciones en las que se gastan millones, pero al pobre trabajador no se le alimenta suntuosamente, ni se le da caridad, ropa, etc. Los trabajadores se hallan, pues, insatisfechos, y, en consecuencia, causan agitación.

Los varṇas son, por así decirlo, clasificaciones de las diferentes ocupaciones, y el āśrama-dharma denota el progreso gradual en el sendero de la autorrealización. Ambos están interrelacionados, y el uno depende del otro. El propósito principal del āṣrama-dharma es el de inculcar conocimiento y desapego. El brahmacarya-āśrama es el campo de entrenamiento de los candidatos aspirantes. En ese āśrama se enseña que este mundo material no es en realidad el hogar del ser viviente. Las almas condicionadas que se hallan bajo el cautiverio material son prisioneras de la materia, y, por consiguiente, la autorrealización constituye el fin último de la vida. Todo el sistema de āśrama-dharma es un medio para lograr el desapego. A aquel que no asimila este espíritu de desapego, se le permite entrar en la vida familiar con el mismo espíritu de desapego. Por lo tanto, aquel que alcanza el estado de desapego puede adoptar de inmediato la cuarta orden, es decir, la orden de renuncia, y así vivir únicamente de caridad, no para acumular riquezas, sino sólo para mantener el cuerpo y el alma juntos a fin de llegar a la comprensión máxima. La vida de casado es para aquel que está apegado, y las órdenes de vida de vānaprastha y sannyāsa son para aquellos que están desapegados de la vida material. El brahmacarya-āśrama tiene especialmente por objeto formar tanto al apegado como al desapegado.