SB 1.11.24

rāja-mārgaṁ gate kṛṣṇe
dvārakāyāḥ kula-striyaḥ
harmyāṇy āruruhur vipra
tad-īkṣaṇa-mahotsavāḥ
Palabra por palabra: 
rāja-mārgam — los caminos públicos; gate — mientras pasaba por; kṛṣṇe — por el Señor Kṛṣṇa; dvārakāyāḥ — de la ciudad de Dvārakā; kula-striyaḥ — damas de las familias respetables; harmyāṇi — en los palacios; āruruhuḥ — subieron; vipra — ¡oh, brāhmaṇas!; tat-īkṣaṇa — tan sólo para mirarlo a Él (Kṛṣṇa); mahā-utsavāḥ — considerando como el más grande de los festivales.
Traducción: 
Cuando el Señor Kṛṣṇa pasó por los caminos públicos, todas las damas de las familias respetables de Dvārakā subieron a las azoteas de sus palacios, tan sólo para poder mirar al Señor. Ellas consideraban que ése era el más grande de los festivales.
Significado: 

Poder mirar al Señor es motivo sin duda de una gran ocasión festiva, tal como lo consideraban las damas metropolitanas de Dvārakā. Eso todavía lo siguen las damas devotas de la India. Especialmente durante los días de las ceremonias Jhulana y Janmāṣṭamī, las damas de la India aún se aglomeran en grandes números en el templo del Señor, en donde se adora Su eterna forma trascendental. La forma trascendental del Señor que se instala en un templo no es diferente del propio Señor. Dicha forma del Señor recibe el nombre de arcā-vigraha, o encarnación arcā, y el Señor la manifiesta por medio de Su potencia interna, tan sólo para facilitar el servicio devocional de Sus innumerables devotos que están en el mundo material. Los sentidos materiales no pueden percibir la naturaleza espiritual del Señor, y, por consiguiente, Él adopta el arcā-vigraha, que aparentemente está hecho de elementos materiales tales como tierra, madera y piedra; pero, en realidad, no hay contaminación material alguna. Como el Señor es kaivalya (uno solo), no hay materia en Él. El Todopoderoso Señor es incomparable, y, en consecuencia, puede aparecer en cualquier forma, sin que lo contamine el concepto material. Luego las festividades que se realizan en el templo del Señor, tal como se observan generalmente, son como los festivales que se celebraban hace unos cinco mil años, durante los días en que se manifestó el Señor de Dvārakā. Los ācāryas autorizados, que conocen la ciencia a la perfección, erigen esos templos del Señor bajo principios regulativos, tan sólo para brindarle facilidades al hombre común; pero personas poco inteligentes, sin estar versadas en la ciencia, cometen el error de tomar este gran esfuerzo por idolatría, y meten las narices en aquello a lo que no tienen acceso. Por lo tanto, las damas u hombres que, sólo para mirar la forma trascendental, observan los festivales que se realizan en los templos del Señor, son mil veces más gloriosos que los que no creen en la forma trascendental del Señor.

Parece ser, según este verso, que todos los habitantes de Dvārakā eran propietarios de grandes palacios. Ese es un índice de la prosperidad de la ciudad. Las damas subieron a las azoteas sólo para poder ver la procesión y mirar al Señor. Las damas no se mezclaban con la muchedumbre de la calle, y así su respetabilidad se mantenía perfectamente. No existía ninguna igualdad artificial con el hombre. La respetabilidad femenina se preserva de un modo más elegante manteniendo a la mujer separada del hombre. Los sexos no se deben mezclar sin restricciones.