Antya 12: Los intercambios amorososentre el Señor Śrī Caitanya Mahāprabhuy Jagadānanda Paṇḍita

En su Amṛta-pravāha-bhāṣya, Śrīla Bhaktivinoda Ṭhākura ofrece el siguiente resumen del Capítulo Doce. El capítulo habla de las transformaciones de amor extático que Śrī Caitanya Mahāprabhu manifestaba día y noche. Una vez más, los devotos de Bengala hicieron el viaje hasta Jagannātha Purī para ver a Śrī Caitanya Mahāprabhu. El organizador, como de costumbre, era Śivānanda Sena, que viajaba con su esposa e hijos. Por la tardanza en los preparativos, en cierta ocasión el Señor Nityānanda Se encontró sin lugar donde alojarse, y Se sintió molesto. Muy enfadado con Śivānanda Sena, que se encargaba de todo lo relacionado con el viaje, le dio una patada con la ira que viene del amor. Śivānanda Sena se sintió muy afortunado por haber recibido una patada de Nityānanda Prabhu, pero a su sobrino, Śrīkānta Sena, le sentó muy mal, de modo que abandonó el grupo y fue a ver a Śrī Caitanya Mahāprabhu a Jagannātha Purī antes de que llegase el resto de los devotos.

Ese año visitó también a Śrī Caitanya Mahāprabhu un devoto llamado Parameśvara dāsa Modaka‚ que fue a Jagannātha Purī con su familia. Los devotos invitaban a menudo a Śrī Caitanya Mahāprabhu para que fuese a comer con ellos. En el momento de la despedida, el Señor les habló en un tono muy agradable. Jagadānanda Paṇḍita, que el año anterior había partido con la misión de visitar a Śacīmātā llevándole prasādam y ropa, había regresado a Purī con una gran vasija de aceite de sándalo y esencias florales para dar masaje al Señor en la cabeza. Cuando el Señor Se negó a aceptar el aceite, Jagadānanda Paṇḍita, como reacción a Su negativa, rompió la vasija ante Él e inició un ayuno. El Señor trató de calmarle y pidió a Jagadānanda Paṇḍita que Le cocinase. Jagadānanda Paṇḍita se sintió tan complacido cuando Śrī Caitanya Mahāprabhu aceptó lo que había cocinado, que dejó de ayunar.

CC Antya 12.1 ¡Oh, devotos!, que siempre gocéis de gran felicidad en escuchar, cantar y meditar acerca de la vida y las características de Śrī Caitanya Mahāprabhu, que son trascendentales.
CC Antya 12.2 ¡Toda gloria a Śrī Caitanya Mahāprabhu, que es plenamente misericordioso! ¡Toda gloria a Nityānanda Prabhu, que es un océano de misericordia!
CC Antya 12.3 ¡Toda gloria a Advaita Ācārya, que también es un océano de misericordia! ¡Toda gloria a todos los devotos de Śrī Caitanya Mahāprabhu, cuyo corazón está siempre lleno de misericordia!
CC Antya 12.4 La mente de Śrī Caitanya Mahāprabhu estaba siempre triste debido a un sentimiento de separación de Kṛṣṇa que se manifestaba en todo momento.
CC Antya 12.5 En Su llanto, el Señor decía: «¡Oh, Mi Señor Kṛṣṇa, que eres Mi vida misma! ¡Oh, hijo de Mahārāja Nanda!, ¿a dónde voy a ir? ¿Dónde podré encontrarte? ¡Oh, Suprema Personalidad que Te llevas la flauta a la boca y la haces sonar!».
CC Antya 12.6 Ésa era Su situación día y noche. Sin poder encontrar paz en la mente, pasaba las noches con gran dificultad en compañía de Svarūpa Dāmodara y Rāmānanda Rāya.
CC Antya 12.7 Mientras tanto, todos los devotos viajaron desde sus hogares en Bengala para ver a Śrī Caitanya Mahāprabhu.
CC Antya 12.8 Guiados por Śivānanda Sena, Advaita Ācārya y otros, los devotos se reunieron en Navadvīpa.
CC Antya 12.9 En Navadvīpa se juntaron también los habitantes de Kulīna-grāma y Khaṇḍa.
CC Antya 12.10 Nityānanda Prabhu estaba predicando en Bengala, de modo que Śrī Caitanya Mahāprabhu Le había dado la orden de no ir a Jagannātha Purī. Aquel año, sin embargo, fue con el resto del grupo a ver al Señor.
CC Antya 12.11 También Śrīvāsa Ṭhākura estaba allí con sus tres hermanos y su esposa, Mālinī. Ācāryaratna también viajaba en compañía de su esposa.
CC Antya 12.12 Venían también la esposa de Śivānanda Sena y sus tres hijos. Rāghava Paṇḍita se unió a ellos, llevando sus famosas bolsas de comida.
CC Antya 12.13 Vāsudeva Datta, Murāri Gupta, Vidyānidhi y muchos otros devotos iban a ver a Śrī Caitanya Mahāprabhu. Todos juntos, llegaban a doscientos o trescientos.
CC Antya 12.14 En primer lugar, los devotos fueron a ver a Śacīmātā para pedirle permiso. Después, muy felices, partieron hacia Jagannātha Purī cantando en congregación el santo nombre del Señor.
CC Antya 12.15 Śivānanda Sena se encargaba de pagar las sucesivas aduanas. Mantenía a todos los devotos, y se sentía muy feliz de guiarles.
CC Antya 12.16 Śivānanda Sena cuidaba de todos y daba a cada devoto un lugar para alojarse. Conocía todos los caminos que llevaban a Orissa.
CC Antya 12.17 Un día, el grupo tuvo que parar en un control de aduanas, pero, finalmente, el recaudador dejó pasar a los devotos, y Śivānanda Sena se quedó a pagar los impuestos.
CC Antya 12.18 El grupo llegó a un pueblo y esperó bajo un árbol, pues nadie más que Śivānanda Sena sabía dónde podían alojarse.
CC Antya 12.19 Mientras esperaba, Nityānanda Prabhu comenzó a tener mucha hambre y Se enfado mucho. Como todavía no Le habían dado un alojamiento adecuado, Se puso a hablar mal de Śivānanda Sena.
CC Antya 12.20 «Śivānanda Sena no se ha preocupado de Mi alojamiento —Se quejaba—, y Me estoy muriendo de hambre. Por no haber venido todavía, maldigo a sus tres hijos a que mueran.»
CC Antya 12.21 Al escuchar la maldición, la esposa de Śivānanda Sena se echó a llorar. Justo entonces, Śivānanda regresó del puesto de peaje.
CC Antya 12.22 Llorando, su esposa le dijo: «El Señor Nityānanda ha maldecido a nuestros hijos a que mueran porque todavía no ha recibido Su alojamiento».
CC Antya 12.23 Śivānanda Sena contestó: «¡Mujer loca! ¿Por qué lloras sin motivo? Que mis tres hijos mueran en compensación por las molestias que hemos causado a Nityānanda Prabhu».
CC Antya 12.24 Dicho esto, Śivānanda Sena fue a ver a Nityānanda Prabhu, quien entonces Se levantó y le dio una patada.
CC Antya 12.25 Muy complacido de la patada recibida, Śivānanda Sena rápidamente encontró alojamiento para el Señor en casa de un lechero.
CC Antya 12.26 Śivānanda Sena tocó los pies de loto de Nityānanda Prabhu y Le llevó a Sus habitaciones. Tras dar alojamiento al Señor, Śivānanda Sena, muy complacido, dijo lo siguiente.
CC Antya 12.27 «Hoy me has aceptado como sirviente y me has castigado como merecía por mi ofensa.
CC Antya 12.28 «Mi querido Señor, Tu reprimenda es Tu misericordia sin causa. ¿Quién, en los tres mundos, puede entender Tu verdadera naturaleza?
CC Antya 12.29 «Ni siquiera el Señor Brahmā puede obtener el polvo de Tus pies de loto. Aun así, Tus pies de loto han tocado mi despreciable cuerpo.
CC Antya 12.30 «Hoy han conocido el éxito mi nacimiento, mi familia y mis actividades. Hoy he obtenido la culminación de los principios religiosos, el crecimiento económico, la satisfacción de los sentidos y, en última instancia, el servicio devocional al Señor Kṛṣṇa.»
CC Antya 12.31 Al escuchar esto, el Señor Nityānanda Se sintió muy feliz. Se levantó y, con mucho amor, abrazó a Śivānanda Sena.
CC Antya 12.32 Muy complacido con el comportamiento de Nityānanda Prabhu, Śivānanda Sena se dedicó a buscar alojamiento para todos los vaiṣṇavas, comenzando por Advaita Ācārya.
CC Antya 12.33 Una de las características de Śrī Nityānanda Prabhu es Su naturaleza contradictoria. Cuando Se enfada y da una patada a alguien, en realidad es por su beneficio.
CC Antya 12.34 El sobrino de Śivānanda Sena, Śrīkānta, que era hijo de su hermana, se sintió ofendido y, en ausencia de su tío, hizo un comentario al respecto.
CC Antya 12.35 «Mi tío es bien conocido por ser uno de los devotos íntimos de Śrī Caitanya Mahāprabhu, pero el Señor Nityānanda Prabhu afirma Su superioridad dándole una patada.»
CC Antya 12.36 Tras decir esto, Śrīkānta, que no era más que un muchacho, dejó el grupo y viajó en solitario hasta la morada de Śrī Caitanya Mahāprabhu.
CC Antya 12.37 Cuando ofreció reverencias al Señor, Śrīkānta llevaba todavía la camisa y la chaqueta. Por eso Govinda le dijo: «Mi querido Śrīkānta, primero quítate esas ropas».
CC Antya 12.38 Al escuchar a Govinda hacer esta advertencia a Śrīkānta, Śrī Caitanya Mahāprabhu dijo: «No le molestes. Deja que Śrīkānta haga lo que quiera, pues ha venido aquí con la mente afligida».
CC Antya 12.39 Śrī Caitanya Mahāprabhu preguntó a Śrīkānta acerca de todos los vaiṣṇavas, y el muchacho Le dio noticia de ellos, nombrándoles uno tras otro.
CC Antya 12.40 Cuando escuchó al Señor decir: «Está afligido», Śrīkānta Sena comprendió que el Señor es omnisciente.
CC Antya 12.41 Por esa razón, mientras hacía la relación de los vaiṣṇavas, no mencionó que el Señor Nityānanda había dado una patada a Śivānanda Sena. Entre tanto, los devotos llegaron y fueron a ver al Señor.
CC Antya 12.42 Śrī Caitanya Mahāprabhu les recibió a todos, tal y como había hecho en años anteriores. Las mujeres, sin embargo, vieron al Señor desde una cierta distancia.
CC Antya 12.43 El Señor dispuso de nuevo el alojamiento de los devotos y, a continuación, les llamó para comer los remanentes de los alimentos ofrecidos al Señor Jagannātha.
CC Antya 12.44 Śivānanda Sena presentó sus tres hijos a Śrī Caitanya Mahāprabhu. Como eran hijos suyos, el Señor fue muy misericordioso con los muchachos.
CC Antya 12.45 El Señor Caitanya preguntó el nombre del más pequeño, y Śivānanda Sena hizo saber al Señor que se llamaba Paramānanda dāsa.
CC Antya 12.46-47 En cierta ocasión, Śivānanda Sena había visitado a Śrī Caitanya Mahāprabhu en Su morada y el Señor le había dicho: «Cuando tu hijo nazca, dale el nombre de Purī dāsa».
CC Antya 12.48 El niño estaba en el vientre de la esposa de Śivānanda, y nació cuando Śivānanda regresó a casa.
CC Antya 12.49 Conforme a la orden del Señor, el niño recibió el nombre de Paramānanda dāsa, y el Señor, bromeando le llamaba Purī dāsa.
CC Antya 12.50 Cuando Śivānanda Sena presentó el niño a Śrī Caitanya Mahāprabhu, el Señor metió el dedo de Su pie en la boca del niño.
CC Antya 12.51 Nadie puede atravesar el océano de la buena fortuna de Śivānanda Sena, pues el Señor consideraba a toda la familia de Śivānanda la Suya propia.
CC Antya 12.52 El Señor almorzó en compañía de todos los devotos, y, después de lavarse las manos y la boca, dio una orden a Govinda.
CC Antya 12.53 «Mientras estén en Jagannātha Purī —dijo—, la esposa y los hijos de Śivānanda Sena deben recibir los remanentes de Mi comida.»
CC Antya 12.54 Parameśvara era un confitero que vivía en Nadia, cerca de la casa de Śrī Caitanya Mahāprabhu.
CC Antya 12.55 Cuando era niño, el Señor visitaba una y otra vez la casa de Parameśvara Modaka. El confitero daba al Señor leche y dulces, y el Señor los comía.
CC Antya 12.56 Parameśvara Modaka sentía afecto por el Señor desde que era un niño, y ese año estaba entre los que habían ido a ver al Señor a Jagannātha Purī.
CC Antya 12.57 Cuando ofreció reverencias al Señor, dijo: «Soy el mismo Parameśvara». Al verle, el Señor le hizo preguntas con mucho afecto.
CC Antya 12.58 Śrī Caitanya Mahāprabhu dijo: «Parameśvara, bendito seas. ¡Qué bien que hayas venido!». Parameśvara entonces dijo al Señor: «Mukundāra Mātā también ha venido».
CC Antya 12.59 Al escuchar el nombre de Mukundāra Mātā, el Señor Caitanya titubeó, pero, por el afecto que sentía hacia Parameśvara, no dijo nada.
CC Antya 12.60 Una relación íntima lleva a veces a las personas a pasar por alto la etiqueta formal. De ese modo, con su conducta simple y afectuosa, Parameśvara en realidad complació al Señor en el corazón.
CC Antya 12.61 Todos los devotos se ocuparon en la ceremonia de limpiar el templo de Guṇḍicā y danzaron ante el carro del Ratha-yātrā, tal y como habían hecho en el pasado.
CC Antya 12.62 Durante cuatro meses seguidos, los devotos asistieron a todos los festivales. Las esposas, como Mālinī, ofrecieron a Śrī Caitanya Mahāprabhu invitaciones a almorzar.
CC Antya 12.63 Los devotos habían traído toda clase de alimentos bengalíes que gustaban a Śrī Caitanya Mahāprabhu. Además, en sus casas cocinaron cereales y hortalizas y los ofrecieron al Señor.
CC Antya 12.64 Durante el día, Śrī Caitanya Mahāprabhu Se ocupaba en diversas actividades con Sus devotos, pero de noche sentía intensamente la separación de Kṛṣṇa y solía llorar.
CC Antya 12.65 De ese modo, el Señor pasó los cuatro meses de la estación de las lluvias ocupado en diversos pasatiempos, y después ordenó a los devotos bengalíes que regresasen a sus hogares.
CC Antya 12.66 Todos los devotos de Bengala invitaban periódicamente a Śrī Caitanya Mahāprabhu a almorzar, y el Señor les hablaba con palabras muy dulces.
CC Antya 12.67 «Todos vosotros venís a verme cada año —dijo el Señor—. Sin duda, venir aquí y después regresar debe de causaros muchas incomodidades.
CC Antya 12.68 «Me gustaría prohibiros que vinierais, pero disfruto tanto de vuestra compañía que Mi deseo de estar con vosotros no hace más que aumentar.
CC Antya 12.69 «Ordené a Śrī Nityānanda Prabhu que no saliese de Bengala, pero ha desobedecido Mi orden y ha venido a verme. ¿Qué puedo decir?
CC Antya 12.70 «Por Su misericordia sin causa, también Advaita Ācārya ha venido. Estoy en deuda con Él por Su afectuosa conducta. Me es imposible saldar esa deuda.
CC Antya 12.71 «Todos Mis devotos vienen aquí sólo por Mí. Olvidando el hogar y la familia, viajan por caminos muy difíciles para venir aquí a toda prisa.
CC Antya 12.72 «Yo no paso fatigas ni dificultades, pues Me quedo aquí, en Nīlācala, Jagannātha Purī, y no Me muevo lo más mínimo. Todo ello, gracias a vosotros.
CC Antya 12.73 «Soy un mendicante y no tengo dinero. ¿Cómo puedo recompensaros por vuestra generosidad?
CC Antya 12.74 «Este cuerpo es todo lo que tengo, y por ello os lo entrego. Ahora, si lo deseáis, podéis venderlo donde más os plazca. Es propiedad vuestra.»
CC Antya 12.75 Cuando los devotos escucharon estas dulces palabras del Señor Śrī Caitanya Mahāprabhu, su corazón se derretía y derramaban lágrimas sin cesar.
CC Antya 12.76 El Señor estrechó entre Sus brazos a todos Sus devotos, y, mientras les abrazaba, lloraba sin cesar.
CC Antya 12.77 Todos se quedaron allí, incapaces de marchar, y de ese modo pasaron otros cinco o siete días.
CC Antya 12.78 Advaita Prabhu y el Señor Nityānanda Prabhu presentaron estas palabras a los pies de loto del Señor: «De forma natural, el mundo entero está en deuda contigo por Tus atributos trascendentales.
CC Antya 12.79 «Pero Tú, con Tus dulces palabras, atas de nuevo a Tus devotos. En esas circunstancias, ¿quién puede irse a otra parte?»
CC Antya 12.80 Entonces Śrī Caitanya Mahāprabhu les calmó serenamente, y Se despidió de cada uno de ellos.
CC Antya 12.81 En particular, el Señor aconsejó a Nityānanda Prabhu: «Tú no debes venir aquí una y otra vez. En Bengala tendrás Mi compañía».
CC Antya 12.82 Los devotos de Śrī Caitanya Mahāprabhu comenzaron el viaje llorando, mientras el Señor Se quedaba, muy triste, en Su morada.
CC Antya 12.83 El Señor ató a todos con Su misericordia trascendental. ¿Quién puede pagar su deuda por la misericordia de Śrī Caitanya Mahāprabhu?
CC Antya 12.84 Śrī Caitanya Mahāprabhu es la Personalidad de Dios completamente independiente, y hace danzar a todos conforme a Su deseo. Por eso, abandonando Su compañía, los devotos regresaron a sus hogares en distintas regiones del país.
CC Antya 12.85 Como una marioneta danza conforme a la voluntad del titiritero, todo se lleva a cabo por la voluntad del Señor. ¿Quién puede entender las características de la Suprema Personalidad de Dios?
CC Antya 12.86 El año anterior, Jagadānanda Paṇḍita, siguiendo la orden del Señor, había regresado a la ciudad de Nadia para ver a Śacīmātā.
CC Antya 12.87 Cuando llegó, ofreció oraciones a sus pies de loto. A continuación le entregó la prenda de vestir y el prasādam del Señor Jagannātha.
CC Antya 12.88 Ofreció reverencias a Śacīmātā en nombre del Señor Caitanya Mahāprabhu y le comunicó todas las oraciones de sumisión que el Señor le ofrecía.
CC Antya 12.89 Madre Śacī se sintió muy complacida de la venida de Jagadānanda. Él le hablaba del Señor Caitanya Mahāprabhu, y ella escuchaba día y noche.
CC Antya 12.90 Jagadānanda Paṇḍita dijo: «Mi querida madre, a veces el Señor viene aquí y come todos los alimentos que tú has ofrecido.
CC Antya 12.91 «Después de comerlo todo, el Señor dice: “Hoy, Mi madre Me ha llenado hasta el cuello.
CC Antya 12.92 «Yo voy allí y como los alimentos que Mi madre ofrece, pero ella no puede entender que Yo lo como directamente. Cree estar soñando”.
CC Antya 12.93 Śacīmātā dijo: «Yo desearía que Nimāi comiese todas las verduras tan buenas que Le cocino. Ése es mi deseo.
CC Antya 12.94 «A veces pienso que Nimāi las ha comido, pero después pienso que sólo estaba soñando.»
CC Antya 12.95 De ese modo, Jagadānanda Paṇḍita y madre Śacī hablaban día y noche de la felicidad de Śrī Caitanya Mahāprabhu.
CC Antya 12.96 Jagadānanda Paṇḍita visitó a todos los demás devotos de Nadia. Todos estaban muy felices de tenerle entre ellos.
CC Antya 12.97 A continuación, Jagadānanda Paṇḍita fue a ver a Advaita Ācārya, quien también Se sintió muy feliz de estar con él.
CC Antya 12.98 Vāsudeva Datta y Murāri Gupta estaban tan complacidos de ver a Jagadānanda Paṇḍita que le retenían en sus hogares y no le dejaban marcharse.
CC Antya 12.99 De labios de Jagadānanda Paṇḍita escucharon narraciones confidenciales acerca de Śrī Caitanya Mahāprabhu y, con la gran felicidad de escuchar acerca del Señor, se olvidaron de sí mismos.
CC Antya 12.100 Siempre que Jagadānanda Paṇḍita iba a visitar la casa de un devoto, ese devoto sentía tanta felicidad que inmediatamente se olvidaba de sí mismo.
CC Antya 12.101 ¡Toda gloria a Jagadānanda Paṇḍita! Él goza del favor de Śrī Caitanya Mahāprabhu en tal medida que todo el que le encuentra piensa: «Ahora he obtenido la compañía directa de Śrī Caitanya Mahāprabhu».
CC Antya 12.102 Jagadānanda Paṇḍita pasó algún tiempo en casa de Śivānanda Sena; allí prepararon unos dieciséis śeṭas de aceite de sándalo perfumado.
CC Antya 12.103 Con el aceite aromático llenaron una vasija grande. Jagadānanda Paṇḍita la llevó hasta Nīlācala, Jagannātha Purī, con muchísimo cuidado.
CC Antya 12.104 Jagadānanda confió el aceite a Govinda, y le pidió: «Por favor, utiliza este aceite para dar masaje al cuerpo del Señor».
CC Antya 12.105 Govinda dijo entonces a Śrī Caitanya Mahāprabhu: «Jagadānanda Paṇḍita ha traído aceite de sándalo perfumado.
CC Antya 12.106 «Su deseo es que Su Señoría Se aplique un poco de ese aceite en la cabeza, de modo que la presión sanguínea debida a la bilis y el aire baje de forma considerable.
CC Antya 12.107 «En Bengala ha preparado una vasija grande de ese aceite, y la ha traído hasta aquí con muchísimo cuidado.»
CC Antya 12.108 El Señor contestó: «Un sannyāsī no usa aceites, y mucho menos aceites perfumados como éste. Llévatelo de aquí inmediatamente.»
CC Antya 12.109 «Entrega ese aceite al templo de Jagannātha, donde lo pueden quemar en las lámparas. De ese modo, el trabajo que se ha tomado Jagadānanda en preparar el aceite será un perfecto éxito.»
CC Antya 12.110 Cuando Govinda llevó este mensaje a Jagadānanda Paṇḍita, Jagadānanda guardó silencio y no dijo una palabra.
CC Antya 12.111 Al cabo de diez días, Govinda dijo de nuevo a Śrī Caitanya Mahāprabhu: «Jagadānanda Paṇḍita ha expresado su deseo de que Su Señoría acepte el aceite».
CC Antya 12.112 Al escuchar esto, el Señor, muy enfadado, dijo: «¿Y por qué no pagar a un masajista para que Me dé masajes?
CC Antya 12.113 «¿He entrado en la orden de sannyāsa para disfrutar de esos placeres? Aceptar ese aceite sería Mi ruina, y todos vosotros os reiríais de Mí.
CC Antya 12.114 «Cualquiera que pasase por la calle, al oler ese aceite en Mi cabeza, Me tomaría por un dārī sannyāsī, un sannyāsī tántrico que vive con mujeres.»
CC Antya 12.115 Al escuchar estas palabras de Śrī Caitanya Mahāprabhu, Govinda guardó silencio. A la mañana siguiente, Jagadānanda fue a ver al Señor.
CC Antya 12.116 Śrī Caitanya Mahāprabhu dijo a Jagadānanda Paṇḍita: «Mi querido Paṇḍita, tú Me has traído aceite de Bengala, pero no puedo aceptarlo porque pertenezco a la orden de vida de renuncia.
CC Antya 12.117 «Entrega el aceite al templo de Jagannātha para que lo quemen en las lámparas. De ese modo, no habrá sido en vano el trabajo que te ha llevado prepararlo.»
CC Antya 12.118 Jagadānanda Paṇḍita contestó: «¿Quién Te cuenta esas historias falsas? Yo no he traído ningún aceite de Bengala».
CC Antya 12.119 Con estas palabras, Jagadānanda Paṇḍita sacó la vasija de aceite de la habitación y, tirándola al suelo en el patio, la rompió ante Śrī Caitanya Mahāprabhu.
CC Antya 12.120 Tras romper la vasija, Jagadānanda Paṇḍita regresó a su casa, echó el cerrojo y se acostó.
CC Antya 12.121 Tres días más tarde, Śrī Caitanya Mahāprabhu Se presentó a la puerta de su habitación y dijo: «Mi querido Jagadānanda Paṇḍita, levántate, por favor.
CC Antya 12.122 «Mi almuerzo de hoy quiero que lo cocines tú personalmente. Ahora voy a ver al Señor en el templo. Volveré al mediodía.»
CC Antya 12.123 Una vez que Śrī Caitanya Mahāprabhu, tras estas palabras, Se hubo marchado, Jagadānanda Paṇḍita se levantó, se bañó y se puso a cocinar toda clase de hortalizas estofadas.
CC Antya 12.124 Cumplidos Sus deberes rituales del mediodía, el Señor regresó para almorzar. Jagadānanda Paṇḍita lavó los pies del Señor y Le ofreció un asiento.
CC Antya 12.125 Había cocinado arroz de calidad y, después de mezclarlo con ghī, había formado un montículo en una hoja de banano. Alrededor, en cuencos de corteza de banano, había servido también estofados de hortalizas.
CC Antya 12.126 Sobre el arroz y los guisos había flores de tulasī, y frente al Señor había pasteles, arroz dulce y otros tipos de prasādam de Jagannātha.
CC Antya 12.127 El Señor dijo: «Extiende otra hoja con una ración de arroz y verduras, de modo que hoy podamos almorzar juntos tú y Yo».
CC Antya 12.128 Śrī Caitanya Mahāprabhu alzó las manos, dispuesto a no tocar el prasādam, hasta que Jagadānanda Paṇḍita, con mucho afecto y amor, dijo lo siguiente.
CC Antya 12.129 «Por favor, toma prasādam Tú primero, y yo comeré más tarde. No desatenderé Tu petición.»
CC Antya 12.130 Śrī Caitanya Mahāprabhu aceptó entonces el almuerzo, sintiéndose muy feliz. Después de probar los guisos de hortalizas, volvió a hablar.
CC Antya 12.131 «Hasta cuando cocinas enfadado —dijo—, preparas una comida deliciosa. Eso demuestra que Kṛṣṇa está muy complacido contigo.»
CC Antya 12.132 «Como Él mismo probará la comida, Kṛṣṇa te hace cocinar muy bien.
CC Antya 12.133 «¡Qué nectáreo el arroz que ofreces a Kṛṣṇa! ¿Quién puede calcular el límite de tu buena fortuna?»
CC Antya 12.134 Jagadānanda Paṇḍita contestó: «Quien lo va a comer es quien lo ha cocinado. En lo que a mí respecta, me he limitado a buscar los ingredientes».
CC Antya 12.135 Jagadānanda Paṇḍita continuó ofreciendo al Señor toda clase de platos de hortalizas. El Señor continuaba comiendo muy feliz, y, por temor a contrariarle, no decía nada.
CC Antya 12.136 Jagadānanda Paṇḍita estaba tan deseoso de servir al Señor que Le obligó a comer diez veces más de lo que solía.
CC Antya 12.137 Una y otra vez, cuando el Señor deseaba levantarse, Jagadānanda Paṇḍita Le servía más estofados de verduras.
CC Antya 12.138 Śrī Caitanya Mahāprabhu no Se atrevía a decirle que no Le sirviese más. Así, continuó comiendo, temeroso de que Jagadānanda ayunase si Él Se negaba.
CC Antya 12.139 Finalmente, el Señor dijo con mucho respeto: «Mi querido Jagadānanda, ya Me has hecho comer diez veces más de lo que tengo por costumbre. Ahora, por favor, no Me sirvas más».
CC Antya 12.140 Śrī Caitanya Mahāprabhu Se levantó y Se lavó las manos y la boca, mientras Jagadānanda Paṇḍita traía especias, un collar de flores y pasta de madera de sándalo.
CC Antya 12.141 Tras aceptar la pasta de sándalo y el collar de flores, el Señor Se sentó y dijo: «Ahora debes comer tú. Que Yo te vea».
CC Antya 12.142 Jagadānanda contestó: «Mi Señor, Tú ve a descansar. Yo tomaré prasādam después de que termine de preparar algunas cosas.
CC Antya 12.143 «Rāmāi Paṇḍita y Raghunātha Bhaṭṭa han sido los cocineros, y quiero darles un poco de arroz y verduras.»
CC Antya 12.144 Śrī Caitanya Mahāprabhu dijo entonces a Govinda: «Tú quédate aquí. Cuando el paṇḍita haya comido, ven a decírmelo».
CC Antya 12.145 Dicho esto, Śrī Caitanya Mahāprabhu Se marchó. Jagadānanda Paṇḍita, entonces, dijo a Govinda lo siguiente.
CC Antya 12.146 «Corre a dar masaje a los pies del Señor —dijo—. Puedes decirle: “El paṇḍita acaba de sentarse a almorzar”.
CC Antya 12.147 «Te guardaré remanentes de la comida del Señor. Cuando Se haya dormido, ven y toma tu parte.»
CC Antya 12.148 Jagadānanda Paṇḍita sirvió entonces los remanentes de la comida del Señor a Rāmāi, Nandāi, Govinda y Raghunātha Bhaṭṭa.
CC Antya 12.149 Él mismo comió también los remanentes de la comida de Śrī Caitanya Mahāprabhu. Entonces, el Señor envió de nuevo a Govinda.
CC Antya 12.151 Al ver que Jagadānanda Paṇḍita comía realmente, Govinda fue a decírselo al Señor, quien, ya tranquilo, Se retiró a dormir.
CC Antya 12.152 Así continuaron las afectuosas relaciones de Jagadānanda Paṇḍita y el Señor Śrī Caitanya Mahāprabhu, exactamente como las relaciones entre Satyabhāmā y el Señor Kṛṣṇa que se narran en el Śrīmad-Bhāgavatam.
CC Antya 12.153 ¿Quién puede calcular el límite de la fortuna de Jagadānanda Paṇḍita? Él mismo es el ejemplo de su propia buena fortuna.
CC Antya 12.154 Todo el que escuche acerca de las relaciones de amor entre Jagadānanda Paṇḍita y Śrī Caitanya Mahāprabhu, o que lea el libro de Jagadānanda titulado Prema-vivarta, podrá entender qué es el amor. Además, alcanzará el amor extático por Kṛṣṇa.
CC Antya 12.155 Orando a los pies de loto de Śrī Rūpa y Śrī Raghunātha, siempre deseando su misericordia, yo, Kṛṣṇadāsa, narro el Śrī Caitanya-caritāmṛta, siguiendo sus pasos.