CC Ādi 1.91

dharmaḥ projjhita-kaitavo ’tra paramo nirmatsarāṇāṁ satāṁ
vedyaṁ vāstavam atra vastu śiva-daṁ tāpa-trayonmūlanam
śrīmad-bhāgavate mahā-muni-kṛte kiṁ vā parair īśvaraḥ
sadyo hṛdy avarudhyate ’tra kṛtibhiḥ śuśrūṣubhis tat-kṣaṇāt
Palabra por palabra: 
dharmaḥ — la religiosidad; projjhita — rechazada completamente; kaitavaḥ — en la que el propósito fruitivo; atra — aquí; paramaḥ — el más elevado; nirmatsārāṇam — de los completamente puros de corazón; satām — devotos; vedyam — debe entenderse; vāstavam — de hecho; atra — aquí; vastu — substancia; śiva-dam — que da bienestar; tāpa-traya — de los tres tipos de miserias; unmūlanam — que causa la erradicación; śrīmat — hermoso; bhāgavate — en el Bhāgavata Purāṇa; mahā-muni — por el gran sabio (Vyāsadeva); kṛte — compuesto; kim — qué; — verdaderamente; paraiḥ — con otros; īśvaraḥ — el Señor Supremo; sadyaḥ — al instante; hṛdi — en el interior del corazón; avarudhyate — es confinado; atra — aquí; kṛtibhiḥ — por hombres piadosos; śuśrūṣubhiḥ — deseosos de escuchar; tat-kṣaṇāt — sin demora.
Traducción: 
«La gran Escritura Śrīmad-Bhāgavatam, compuesta por Mahā-muni Vyāsadeva a partir de cuatro versos originales, describe a los devotos más elevados y bondadosos, y rechaza totalmente las formas fraudulentas de la religiosidad motivada materialmente. Propone el más alto principio de religión eterna, que de hecho puede mitigar los tres tipos de miserias del ser humano y conceder la más alta bendición de prosperidad y conocimiento plenos. Aquellos que estén dispuestos a escuchar el mensaje de esta Escritura con una actitud sumisa de servicio, pueden retener, al instante, al Señor Supremo en su corazón. Por tanto, no hay necesidad de ninguna otra Escritura más que el Śrīmad-Bhāgavatam.»
Significado: 

SIGNIFICADO: Este verso aparece en el Śrīmad-Bhāgavatam (1.1.2). Las palabras mahā-muni-kṛte indican que el Śrīmad-Bhāgavatam fue recopilado por el gran sabio Vyāsadeva, conocido a veces como Nārāyaṇa Mahā-muni porque es una encarnación de Nārāyaṇa. Vyāsadeva, por tanto, no es un hombre corriente, sino alguien que está investido de poder por la Suprema Personalidad de Dios. Recopiló el hermoso Bhāgavatam para narrar algunos de los pasatiempos de la Suprema Personalidad de Dios y Sus devotos.

En el Śrīmad-Bhāgavatam se hace bien clara la diferencia entre religión real y religión de apariencia. De acuerdo con ese comentario original y genuino del Vedānta-sūtra, hay numerosas creencias de apariencia que pasan por religión pero descuidan la esencia real de la misma. La religión real del ser viviente es su cualidad natural innata, mientras que la religión de apariencia es una forma de ignorancia que cubre artificialmente la conciencia pura de la entidad viviente bajo ciertas condiciones desfavorables. Cuando la religión artificial domina desde el plano mental, la religión real yace latente. El ser viviente puede despertar esa religión en estado latente si escucha con un corazón puro.

La senda de la religión que describe el Śrīmad-Bhāgavatam es diferente de todas las formas de religiosidad imperfecta. La religión puede considerarse en las tres divisiones siguientes: 1) la senda de la actividad fruitiva; 2) la senda del conocimiento y de los poderes místicos; y 3) la senda de la adoración y del servicio devocional.

La senda de la actividad fruitiva (karma-kāṇḍa), aun cuando esté adornada con ceremonias religiosas destinadas a elevar la propia condición material, es un proceso fraudulento, porque nunca podrá capacitar a nadie para hallar alivio de la existencia material ni alcanzar la meta más elevada. La entidad viviente lucha perpetuamente para librarse de los dolores de la existencia material, pero el sendero de la actividad fruitiva la conduce a la dicha o a la desdicha temporales de la existencia material. Al realizar actividades fruitivas piadosas, el ser humano se coloca en una situación en la cual puede sentir, temporalmente, una dicha material, mientras que las actividades viciosas le conducen a una desdichada situación de necesidad y escasez materiales. Sin embargo, aunque alguien sea elevado a la más perfecta situación de dicha material, no puede librarse del tormento del nacimiento, la muerte, la vejez y la enfermedad. Por tanto, a una persona materialmente feliz le falta el alivio eterno que la religiosidad mundana, basada en la actividad fruitiva, no puede conceder jamás.

Los caminos del cultivo del conocimiento (jñāna-mārga) y de los poderes místicos (yoga-mārga) son igualmente arriesgados, porque siguiendo esos métodos inciertos no se sabe dónde se va. Puede que un filósofo empírico, a la búsqueda del conocimiento espiritual, se esfuerce con gran tesón durante muchas, muchas vidas en especulaciones mentales, pero, hasta que no alcance la etapa de la más pura cualidad de la bondad (dicho de otro modo, hasta que no trascienda el plano de la especulación mental), no le será posible saber que todo emana de la Personalidad de Dios, Vāsudeva. Su apego por el aspecto impersonal del Señor Supremo le incapacita para elevarse a esa etapa trascendental de la comprensión de vasudeva, y, por tanto, a causa del estado impuro de su mente, se desliza de nuevo hacia la existencia material, incluso después de haber ascendido a la muy elevada etapa de la liberación. Esa caída tiene lugar por desear una posición reconocida al servicio del Señor Supremo.

En lo que se refiere a los poderes místicos de los yogīs, se trata también de enredos materiales en el camino de la comprensión espiritual. Un erudito alemán que se convirtió en devoto de Dios en la India dijo que la ciencia material había hecho ya progresos laudables al duplicar los poderes místicos de los yogīs. Por tanto, su viaje a la India no fue para aprender los métodos de los poderes místicos de los yogīs, sino para aprender el camino del servicio de amor trascendental al Señor Supremo, tal como se explica en la gran Escritura Śrīmad-Bhāgavatam. Los poderes místicos pueden hacer que un yogī sea materialmente poderoso, dándole así alivio temporal de las miserias del nacimiento, la muerte, la vejez y la enfermedad, lo cual también pueden hacer otras ciencias materiales, pero esos poderes místicos nunca podrán ser fuente permanente de alivio de dichas miserias. Por lo tanto, según la escuela bhāgavata, ese camino de religiosidad es también un método de engañar a los seguidores. En la Bhagavad-gītā se define claramente que el yogī místico más elevado y poderoso es el que puede pensar constantemente en el Señor Supremo, que está en su corazón, y dedicarse al servicio de amor al Señor.

La senda de la adoración de los innumerables devas, de los semidioses gobernadores, es aún más arriesgada e incierta que los procesos mencionados de karma-kāṇḍa y jñāna-kāṇḍa. El sistema de adorar a muchos dioses como Durgā, Śiva, Gaṇeśa, Sūrya y la forma impersonal de Viṣṇu es aceptado por aquellos que están cegados por un deseo intenso de complacencia de los sentidos. Esa adoración, cuando se lleva a cabo con propiedad, es decir, siguiendo los ritos mencionados en los śāstras, que son muy difíciles de ejecutar en esta época de necesidad y escasez, ciertamente puede satisfacer los deseos de complacencia de los sentidos, pero el éxito que se obtiene con esos métodos es pasajero, y apropiado sólo para gente con poca inteligencia. Ése es el veredicto de la Bhagavad-gītā. Ninguna persona cuerda puede contentarse con semejantes beneficios temporales.

Ninguno de los tres senderos religiosos mencionados puede liberar a alguien de los tres tipos de miserias de la existencia material, a saber: las miserias provocadas por el cuerpo y la mente, las miserias que causan otras entidades vivientes, y las miserias que causan los semidioses. Por el contrario, el proceso religioso que se describe en el Śrīmad-Bhāgavatam puede procurar a sus seguidores alivio permanente de los tres tipos de miserias. El Bhāgavatam describe la forma de religión más elevada: la reintegración de la entidad viviente en su situación original en el servicio trascendental de amor al Señor Supremo, servicio que está libre de las contaminaciones del deseo de complacencia de los sentidos, de la actividad fruitiva, y del cultivo del conocimiento con el propósito de fundirse con el Absoluto para ser uno con el Señor Supremo.

Cualquier sistema de religión que se base en la complacencia de los sentidos, físicos o sutiles, debe considerarse una religión de apariencia, porque es incapaz de procurar una protección perpetua a aquellos que lo siguen. La palabra projjhita es significativa. Pra quiere decir «completo», y ujjhita indica rechazo. La religiosidad que toma la forma de actividad fruitiva es, claramente, un método de complacencia de los sentidos físicos, mientras que el sistema de cultivar el conocimiento espiritual con la intención de ser uno con el Absoluto es un método de complacencia de los sentidos sutiles. Todos estos tipos de religiosidad de apariencia, basados en la complacencia de los sentidos, físicos o sutiles, se rechazan completamente en el sistema de bhāgavata-dharma, la religión trascendental, que es la función eterna del ser viviente.

El Bhāgavata-dharma, el principio religioso que se describe en el Śrīmad-Bhāgavatam, del cual es un estudio preliminar la Bhagavad-gītā, está destinado a personas liberadas del orden más elevado, que conceden muy poco valor a la complacencia de los sentidos de la religión de apariencia. Lo que más interesa a los trabajadores fruitivos, a los que buscan la elevación, a los filósofos empíricos, y a los que desean la salvación, es elevar su posición material. Pero los devotos de Dios no tienen esos deseos egoístas. Sirven al Señor Supremo sólo para Su satisfacción. Śrī Arjuna, al querer complacer sus sentidos convirtiéndose en un hombre supuestamente no violento y piadoso, decidió, al principio, no luchar. Pero cuando hizo completamente suyos los principios del bhāgavata-dharma, que culminan con la total entrega a la voluntad del Señor Supremo, cambió su decisión y aceptó la lucha para la satisfacción del Señor. Entonces dijo:

naṣṭo mohaḥ smṛtir labdhā tvat-prasādān mayācyuta
sthito ’smi gata-sandehaḥ kariṣye vacanaṁ tava

«Mi amado Kṛṣṇa, ¡oh, Tú, el infalible!, ahora mi ilusión se ha desvanecido. Por Tu misericordia he recuperado la memoria. Ahora estoy seguro y libre de toda duda, listo para actuar según Tus instrucciones.» (Bg. 18.73). La posición constitucional original de la entidad viviente es esa conciencia pura. Cualquier supuesto sistema religioso que interfiera con esta posición espiritual pura del ser viviente debe considerarse, por tanto, un sistema aparente de religiosidad.

La forma auténtica de religión es el servicio de amor a Dios espontáneo. Esta relación de servicio del ser viviente con la Absoluta Personalidad de Dios es eterna. El verso se refiere a la Personalidad de Dios con la palabra vastu, la Substancia, y a las entidades vivientes con la palabra vāstavas, las innumerables muestras de la Substancia en la existencia relativa. La relación de estas porciones substantivas con la Substancia Suprema no puede destruirse nunca, porque es una cualidad eterna e inherente al ser vivo.

Por el contacto con la naturaleza material, las entidades vivientes presentan diversos síntomas de la enfermedad de la conciencia material. Curar esa enfermedad material es la finalidad suprema de la vida humana. El proceso para tratar esa enfermedad se llama bhāgavata-dharma o sanātana-dharma, es decir, religión auténtica. Así se explica en las páginas del Śrīmad-Bhāgavatam. Por tanto, todo aquel que, por sus antecedentes de actividades piadosas en vidas anteriores, tenga ansia de escuchar el Śrīmad-Bhāgavatam, podrá percibir inmediatamente la presencia del Señor Supremo en su corazón y cumplir la misión de su vida.