Bg 15.7

mamaivāṁśo jīva-loke
j
īva-bhūtaḥ sanātanaḥ
manaḥ ṣaṣṭhān
īndriyāṇi
prakṛti-sthāni karṣati
Palabra por palabra: 
mama — Mi; eva — ciertamente; aṁśah — partículas fragmentarias; jīva-loke — en el mundo de la vida condicionada; jīva-bhūtaḥ — la entidad viviente condicionada; sanātanaḥ — eterna; manaḥ — con la mente; ṣaṣṭhāni — los seis; indriyāṇi — sentidos; prakṛti — en la naturaleza material; sthāni — situada; karṣati — está luchando arduamente.
Traducción: 
Las entidades vivientes de este mundo condicionado son Mis partes fragmentarias eternas. Debido a la vida condicionada, están luchando muy afanosamente con los seis sentidos, entre los que se incluye la mente.
Significado: 

En este verso se da con toda claridad la identidad del ser viviente. La entidad viviente es la parte integral fragmentaria del Señor Supremo, eternamente. No se debe creer que ella adopta la individualidad en su vida condicionada, y en su estado liberado se vuelve uno con el Señor Supremo. Ella es eternamente un fragmento. Se dice bien claro: sanātanaḥ. Según la versión védica, el Señor Supremo se manifiesta y se expande en infinidad de expansiones, de las cuales las expansiones primarias se denominan viṣṇu-tattva, y las expansiones secundarias se denominan entidades vivientes. En otras palabras, el viṣṇu-tattva es la expansión personal, y las entidades vivientes son expansiones separadas. Por medio de Su expansión personal, Él se manifiesta en diversas formas, tales como el Señor Rāma, Nṛsiṁhadeva, Viṣṇumūrti y todas las Deidades regentes de los planetas Vaikuṇṭhas. Las expansiones separadas, las entidades vivientes, son eternamente servidoras. Las expansiones personales de la Suprema Personalidad de Dios, las identidades individuales de la Divinidad, siempre están presentes. Así mismo, las expansiones separadas, las entidades vivientes, tienen sus identidades. Como partes integrales fragmentarias del Señor Supremo, las entidades vivientes también tienen cualidades fragmentarias, de las cuales la independencia es una de ellas. Cada entidad viviente, como alma individual que es, tiene su individualidad personal y una diminuta forma de independencia. Por el mal uso de esa independencia uno se vuelve un alma condicionada, y con el debido uso de la independencia uno siempre está liberado. En cualquiera de los casos, uno es eterno cualitativamente, tal como el Señor Supremo. En su estado liberado, uno está libre de esta condición material, y se encuentra dedicado al trascendental servicio del Señor; en su vida condicionada, a uno lo dominan las modalidades materiales de la naturaleza, y se olvida del amoroso servicio trascendental del Señor. Como resultado de ello, uno tiene que luchar mucho para mantener su existencia en el mundo material.

Las entidades vivientes, no sólo los seres humanos y los perros y los gatos, sino incluso los grandes controladores del mundo material —Brahmā, el Señor Śiva, e incluso Viṣṇu—, son todos partes integrales del Señor Supremo. Todos ellos son eternos, y no unas manifestaciones temporales. La palabra karṣati (“luchando” o “esforzándose mucho”) es muy significativa. El alma condicionada está atada, como si estuviera engrilletada con cadenas de hierro. Ella está atada por el ego falso, y la mente es el agente principal que la está llevando por esta existencia material. Cuando la mente está en el plano de la modalidad de la bondad, sus actividades son buenas; cuando la mente está en el plano de la modalidad de la pasión, sus actividades son problemáticas; y cuando la mente está en el plano de la modalidad de la ignorancia, ella viaja por las especies de vida inferior. Sin embargo, este verso deja en claro que al alma condicionada la cubre el cuerpo material, con la mente y los sentidos, y que cuando ella se libera esa cobertura material perece, pero su cuerpo espiritual se manifiesta con su capacidad individual. La siguiente información se encuentra en el Mādhyandināyana-śruti: sa vā eṣa brahma-niṣṭha idaṁ śarīraṁ martyam atisṛjya brahmābhisampadya brahmaṇā paśyati brahmaṇā śṛṇoti brahmaṇaivedaṁ sarvam anubhavati. Se dice aquí que cuando una entidad viviente abandona este cuerpo material y entra en el mundo espiritual, revive el cuerpo espiritual, y en su cuerpo espiritual puede ver a la Suprema Personalidad de Dios frente a frente. Ella puede oírlo y hablarle frente a frente, y puede entender a la Personalidad Suprema tal como es Él. La smṛti también nos hace saber que: vasanti yatra puruṣāḥ sarve vaikuṇṭha-mūrtayaḥ, en los planetas espirituales todo el mundo vive en cuerpos que son como el de la Suprema Personalidad de Dios. En lo que se refiere a la estructura corporal, no hay diferencia entre las entidades vivientes que son partes integrales y las expansiones de viṣṇu-mūrti. En otras palabras, en el momento de la liberación la entidad viviente recibe un cuerpo espiritual, por la gracia de la Suprema Personalidad de Dios.

Las palabras mamaivāṁśaḥ (“partes integrales fragmentarias del Señor Supremo”) también son muy significativas. La porción fragmentaria del Señor Supremo no es como una parte material rota. Ya hemos entendido en el Segundo Capítulo que el espíritu no se puede cortar en pedazos. Este fragmento no se puede concebir de una manera material. No es como la materia, que puede ser cortada en pedazos y unida de nuevo. Esa concepción no se aplica aquí, porque se usa la palabra sanātana (“eterna”). La porción fragmentaria es eterna. También se afirma al principio del Capítulo Dos que, en todos y cada uno de los cuerpos individuales, está presente la porción fragmentaria del Señor Supremo (dehino ’smin yathā dehe). Esa porción fragmentaria, cuando se libera del enredo corporal, revive su cuerpo espiritual original en el cielo espiritual, en un planeta espiritual, y disfruta de la compañía del Señor Supremo. Aquí se sobrentiende, no obstante, que la entidad viviente, siendo la parte integral fragmentaria del Señor Supremo, es cualitativamente idéntica al Señor, tal como las partes integrales del oro también son oro.